Sociedad Amantes del País

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La devoción del Sagrado Corazón de Jesús y su Iglesia en Lima

Por José Gálvez Krüger, Director de la Enciclopedia Católica en Aci Prensa.

La Sociedad Amantes del País se complace en compartir una breve reseña del intelectual peruano José Gálvez Krüger, quien nos relata la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y su Iglesia en Los Huérfanos, ubicada a solo una cuadra del parque Universitario y del Edificio Alzamora, hoy sede de diversos juzgados de la Corte Superior de Justicia de Lima. Esta antigua parroquia tiene una preciosa factoría, a la cual animados fuimos este viernes 20.X.2017, a fin de tomar algunas fotografías para compartir con nuestros distinguidos lectores.

“En 1739 se establece en la ciudad de Panamá -en ese tiempo dependiente de Perú- la primera Congregación ofrendada al Corazón Santísimo en América del Sur. Fue también en suelo peruano donde se levantó, en el año 1742, la primera iglesia dedicada en el Nuevo Mundo al Corazón de Jesús Sacramentado; aunque debido a terremotos y otros sucesos no se inauguró has el 6 de abril de 1766; tal es el origen de la iglesia del Sagrado Corazón de Huérfanos, en la cuadra 7 del jirón Azángaro” (1).

Con las revelaciones a Santa Margarita María Alacoque a fines del siglo XVII en Paray-le-Monial, la devoción reparadora al Corazón de Jesús se expande a toda Francia y al resto de Europa. Lima tendrá el privilegio de recibir sus reliquias en el mes del corazón de Jesús. En 1733, por iniciativa del venerable P. Bernardo de Hoyos S. J. se funda en España la primera Congregación en su honor, y en 1734 se edita en Valladolid el célebre libro de su director espiritual, el P. Juan de Loyola, Tesoro escondido en el Sacratísimo Corazón de Jesús, que tanto ayudaría a la difusión de su culto. Particularmente el Movimiento del Apostolado de la Oración, custodio y difusor de la devoción gracias –entre otras- a la práctica del ofrecimiento de las acciones de cada día y la preparación de la novena y fiesta del Corazón de Jesús.

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(1) Blog de José Antonio Benito. “El Corazón de Jesús”. En línea: ¨Cfr. http://jabenito.blogspot.pe/2012/06/el-corazon-de-jesus-en-el-peru.html

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Historia de la Diócesis de Maynas o Chachapoyas

Por Monseñor Emiliano A. Cisneros, OAR, Obispo de Chachapoyas (*)

Hablar de la Diócesis de Maynas o Chachapoyas exige hablar, siquiera sea un poco, de las antiguas misiones de Maynas, ya que de su territorio saldrá la diócesis que debería atender todo el mundo de lo que políticamente se llamaba la gobernación general de Maynas. Fueron los padres jesuitas los primeros evangelizadores de esos extensos territorios y lo fueron por años. En 1634 el rey de España autorizaba la fundación y atención de misiones para atender cristianización de los indígenas que vivían entre los ríos Santiago, Marañón, Huallaga, Ucayali, Napo y Putumayo. De estos tiempos y fruto del trabajo de los jesuitas son las fundaciones de pueblos, tales como Santiago de la Laguna, hoy Lagunas, Nuestra Señora de Las Nieves de los Yurimaguas, hoy Yurimaguas, y Logroño, hoy desaparecida.

A esa época pertenecen los famosos los misioneros Samuel Fritz y Enrique Richter. El padre Fritz, que misionó por el río Marañón, es autor de un completísimo mapa del gran río Marañón, es autor de un completísimo mapa del gran río Marañón, en el que figuran todos los afluentes del Amazonas. El mapa lleva fecha de 1707 y está dedicado al rey Felipe V. El Padre Richter, que misionó por las márgenes del Ucayali, dio testimonio de su fe entregando su vida a manos de los indígenas piros que lo mataron a flechazos.

Los jesuitas perseveraron en su difícil empeño hasta 1769, cuando llega la orden del rey Carlos III por la que expulsaba de su reino a todos los jesuitas, interrumpiendo una labor evangelizadora y civilizadora de siglos. Tras su salida, los naturales que habían sido reducidos a civilización, se alejaron de los centros poblados y retornaron a sus soledades. Apenas quedaron unas cuantas familias en Omaguas, Iquitos, Pevas y algún otro lugar. Esta triste situación y el deseo de poner remedio a ella serán las circunstancias que darán pie a la creación de la diócesis de Maynas.

MAPA ANTIGUO

Creación de la Diócesis de Maynas 

El visitador don Francisco de Requena, en el recorrido que hace a fines del siglo XVIII por el río Amazonas y sus afluentes, pudo constatar el abandono material y espiritual en que había quedado estas gentes y regiones tras la expulsión de los Jesuitas, y en el informe que remite al Rey de España propone lo que él entiende puede ser solución a este situación. Su propuesta pasa por la creación de un obispado en Maynas, que el obispo nombrado, que el obispo nombrado pertenezca a los franciscanos de Ocopa y que sean estos religiosos quienes se ocupen de la atención espiritual de estos territorios, así como ya lo venían haciendo en las márgenes del Huallaga y Ucayali. La propuesta de Requena sugería que la comandancia general de Maynas ya no dependiera del virreinato de Nueva Granada, sino que fuera anexada al virreinato del Perú.

Atendiendo la sugerencia de Requena, el Rey Carlos IV dispuso, ? por convenir al adelantamiento espiritual y temporal de las misiones de Maynas y el Ucayali; que el gobierno y comandancia general de Maynas sean dependientes de ese virreinato ( o sea del Perú) segregándose del Santafé todo el territorio que las comprendidas, como así mismo otros territorios y misiones confinantes con las propias de Maynas, existentes por los ríos Napo, Putumayo y Yupura; que todas estas misiones se agreguen al Colegio de Propaganda fide de Ocopa; el cual actualmente tiene las que están por los ríos Ucayali, Huallaga y otros colaterales, con pueblos en las montañas inmediatas a estos ríos, por ser aquellos misioneros (los franciscanos de Ocopa) los que más conservan el fervor de su destino.

En virtud de esta Real Cédula Carlos IV adjudica al virreinato del Perú, en 1802, la comandancia general de Maynas y las misiones de los ríos Napo, Putumayo y Yapurá o Caqueta, gestiona la creación del obispado de Maynas y encarga a los misioneros franciscanos de Ocopa la atención de estas misiones. Un año después, en 1803, el papa Pio VII, atendiendo las instancias del rey, creaba el 28 de mayo la diócesis de Maynas con todos los territorios que abarcaba la comandancia general del mismo nombre. Con ello esperaba fueran mejor evangelizados y atendidos espiritualmente los moradores de estos ríos y montañas, y la autoridad real pretendía adelantar el trabajo de humanización y reducción a civilización de quienes todavía vivían de manera primitiva y con poco o nulo contacto con el mundo exterior.

En 1805 era nombrado quien llegaría a ser primer obispo de Maynas, el Franciscano Hipólito Sánchez Rengel, que en ese tiempo vivía en la Habana. No fue ordenado hasta el 22 de diciembre de 1807, en Quito, y poco después llegaba a la diócesis.

De las dificultades del trabajo que se le había encomendando dan fe estas palabras entresacadas de una carta suya: ?Venga el hombre más santo, el más sabio, un genio emprendedor que produzca las inversiones más útiles y más análogas a esta tierra: que pueda y quiera expender en esta obra caudales inmensos, nada hará más de lo que yo he hecho siendo un pobre en todo?. Permaneció al servicio de la diócesis durante catorce años, hasta 1821; eran los tiempos del proceso literario. Proclamada la independencia, renuncia al Obispado de Maynas y, posteriormente, es nombrado obispo de Lugo, España.

Sedes episcopales

La diócesis de Maynas, más tarde llamada de Chachapoyas, por circunstancias históricas y de diverso género, ha cambiado varias veces su sede. La primera fue el pueblo de jeberos. En los inicios del siglo XIX, cuando se crea la diócesis, Jeberos era uno de los pueblos más importantes de la región de Maynas. El obispo Sánchez Rangel gestionó pronto la incorporación a la diócesis de los curatos de Lamas y Moyobamba, y en 1812 traslada a esta ciudad la sede episcopal. El traslado de Moyobamba a Chachapoyas está relacionado con la creación del departamento de Amazonas y el cambio de nombre de la diócesis. Este se produce el 2 de junio de 1843. En el proyecto gobernativo se piensa que el río Marañón habrá de ser límite occidental del nuevo departamento, lo que conllevará la inclusión en él de las provincias de Pataz y Chachapoyas, que entonces pertenecían a la Libertad. El mismo gobierno nacional tomará la iniciativa para gestionar la modificación de los límites de la diócesis de Maynas y el cambio de nombre y de sede. En adelante se llamará diócesis de Chachapoyas y su sede será la ciudad del mismo nombre.

Catedral de Chachapoyas

Catedral de Chachapoyas.

Límites cambiantes

La gran extensión de los primeros tiempos ha ido recortándose con el paso de los años y con la creación de nuevas jurisdicciones eclesiásticas. Aparte los territorios que, tras el proceso independentista pasaron a formar parte de obispados de Ecuador y Colombia, en territorio peruano se han dado las siguientes desmembraciones. En 1900 se crean los vicariatos de Amazonas y Ucayali a los que se les asignan las misiones del Marañón y del Ucayali, que comprendían lo que hoy es el departamento de Iquitos y parte de Pucallpa y Huánuco. En 1948 se repara diócesis todo el departamento de San Martín, dando lugar a la prelatura de Moyobamba; y más tarde, cuando se crea el Vicariato de Jaén, formarán parte de él la provincia de Condorcanqui y parte de Bagua.

Obispos

Trece han sido loa obispos que han regido la diócesis de Maynas o Chachapoyas desde sus orígenes hasta la actualidad.

Como queda reseñado el primero fue el franciscano Hipólito Sánchez Rangel (1805 ? 1821), quien tuvo que enfrentar las dificultades propias de la enorme misión que se le confió además de las propias del momento histórico que le tocó vivir: el proceso emancipador que él, ferviente realista, no alcanzó a entender.

Tuvieron que pasar muchos años hasta que se proveyera la silla episcopal de Maynas y fue el piurano José María Arriaga (1840- 1853) el designado en 1838. Su ordenación episcopal tendrá lugar en 1840, si bien ya regía la diócesis, como gobernador eclesiástico, desde 1834. Durante su gobierno se traslada la sede episcopal a Chachapoyas. El fue también el fundador del seminario diocesano.

El chachapoyano Pedro Ruiz (1853-1962) fue el tercer obispo. Trató de establecer comunicación con tribus indígenas todavía incomunicadas con el mundo exterior y de abrir nuevos caminos a la fe y al desarrollo de los pueblos. Para ello fundó la Sociedad de Patriotas del Amazonas, fruto de su interés y empeño en 1859 descubre dos grandes ríos, como él dice, desconocidos en las cartas geográficas, a saber, el Cristalino y el Nieva.

A este ilustre chachapoyano le sucedió el franciscano limeño Francisco Solano del Risco (1865 ? 1903), cuyo pontificado es el más largo en la diócesis. Destacó como notable orador y fue grande el servicio que prestó a la Patria en las campañas bélicas de 1879.

Fue otro franciscano, Monseñor Santiago Irala (1904 -1908), el sucesor de Monseñor del Risco (1865-1908), el sucesor de monseñor del Risco. El pontificado de este fraile ayacuchano ha sido el más corto; apenas cuatro años. Renuncio voluntariamente y se retiró al convento de Ocopa.

En Arequipa nació monseñor Emilio Lissón (1909-1918), sexto obispado de Chachapoyas. Durante nueve años rigió la diócesis preocupado por su adelanto espiritual y material. Su amplia y profunda preparación la puso al servicio de la diócesis y los medios contraídos en este servicio le sirvieron para ser promovido a la diócesis primada de Lima, a la que sirvió durante doce años. Desterrado, acabó su vida en España. Está incoado el proceso diocesano para su canonización.

A un obispo santo le sucede otro santo: monseñor Octavio Ortíz Arrieta (1921- 1958), un hombre cuya memoria sigue viva en el corazón del pueblo hasta en los lugares más apartados. Sirvió a la diócesis durante treinta y siete años. Su proceso de canonización esta en Roma, cumplidos ya los tramites diocesanos.

Monseñor Octavio Ortíz Arrieta

Monseñor Octavio Ortíz Arrieta, Obispo de Chachapoyas (1921- 1958).

Monseñor José Germán Benavides Morriberón rigió la diócesis en los años 1958-1968. De Chachapoyas fue trasladada a Arequipa como obispo auxiliar.

Los cinco últimos obispados de la diócesis están todavía vivos Mons. Manuel Prado Pérez-Rosas (1970 ? 1976), jesuitas, fue promovido al arzobispado de Trujillo. Mons. Antonio de Hornedo Correa, también jesuita, gobernó la diócesis, primero como administrador apostólico (1968-1970) y después como obispo residencial (1977-1991). Le sucedió monseñor Ángel Francisco Simón Piorno (1991-1995), posteriormente trasladado a Cajamarca. El monseñor José Ignacio Alemany Grau (1995-2000), redentorista, fue otro de los pontificados cortos: renuncio al gobierno de la diócesis el año 2000.

El actual obispado es el religioso agustino recolecto Emiliano Antonio Cisneros Martínez que inició su servicio como administrador apostólico el año 2000 y fue nombrado obispo diocesano en el 2002.

Son, en total, trece los obispos que han regido los destinos de la diócesis de Maynas o de Chachapoyas desde su creación hasta la fecha en que se cumplen los doscientos años de su creación. El primero y los cuatro últimos han nacido en España; los ocho restantes, en el suelo patrio.

A lo largo de estas dos centurias ha habido periodos de sede vacantes; el más largo, sin duda, es el que media entre el primero y el segundo obispo nada menos que diecinueve años. Y es digno de mención también un clérigo amazonense, que no llegó a ser obispo, pero rigió la diócesis, como administrador apostólico, en uno de estos períodos el padre Pablo Visalot, natural de Chisquilla (Bongorá).

Sirva esta breve reseña como apunte referencial elemental para cuantos se interesan por la historia de la Iglesia en la Diócesis de Chachapoyas.

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(*) Cfr. pares.mcu – Bicentenario de las Independencias Iberoamericanas.

Presentación del libro “LA INDEPENDENCIA DEL PERÚ”, del Dr. JOSÉ AGUSTÍN DE LA PUENTE CANDAMO

Por Alexis R. Arévalo-Vergara

fuente: Tatiana Coello    El miércoles 10 de abril de 2013,  se presentó, en la Sala Grau del Congreso de la República, el libro ‘La Independencia del Perú’ del destacado académico Dr. José Agustín de la Puente Candamo. La obra ha sido publicada por el Fondo Editorial del Congreso de la República y forma parte de la proyectada serie conmemorativa que el Congreso ha planeado publicar como parte de sus actividades por el Bicentenario de la Independencia de nuestro país.

En su obra,el Dr. De la Puente plantea una visión diferente a aquella historiografía20130408-invitacionidlp que ha propugnado desde siempre que el proceso independentista fue un fenómeno foráneo que llegó al Perú por obra y gracia de los Libertadores. De la Puente, considera que esta posición no es del todo correcta; debido a que, el mestizaje ya había forjado en nuestro país una inquebrantable unidad espiritual en la cual se conjugaban las herencias española e indígena. La idea de patria había calado en la conciencia de los hombres, y ya para la segunda mitad del siglo XVIII, había surgido un pensamiento ilustrado propio y auténtico.

Destacan entre los peruanos ilustrados de aquel temprano periodo:

1)     José Baquíjano y Carrillo, III Conde de Vistaflorida(1751-1817), precursor de la Independencia del Perú. Había sido 
 catedrático de la Universidad de San Marcos, lugar en donde impulsó la modernización del sistema de enseñanza a través del enciclopedismo. Apoyó el concepto de la libertad de prensa y fue Fundador de la Sociedad Amantes del País (1790); así como, un colaborador  permanente del Mercurio Peruano. De la figura de Baquíjano resalta su ‘Elogio al Virrey Jáuregui’, discurso dado en la Universidad de San Marcos en 1781, en el cual no solo daba la bienvenida al nuevo virrey sino que además planteaba su oposición a que la situación del Perú permaneciera igual que siempre.

2)     Toribio Rodríguez de Mendoza (1750-1825), es considerado el precursor ideológico de la independencia peruana;debido a que fue, un incansable sembrador de ideas a favor de la corriente emancipadora. En la cátedra sanmarquina impulsó a sus alumnos para que estudiaran la geografía e historia de nuestro país, pues creía que el Perú era una tierra feraz, un tesoro aún no conocido. Con respecto a los indios pensaba que eran dignos y que se les debía una recíproca amistad, nacida de la igualdad y alejada de cualquier maledicencia contra sus personas. Este pensamiento influyó grandemente en los debates del Primer Congreso Constituyente de 1822.

 3)     José Hipólito Unanue y Pavón (1755-1833),insigne precursor peruano, e igual que los anteriores, catedrático sanmarquino y miembro de la Sociedad Amantes del País. Como colaborador del Mercurio Peruano buscó fortalecer la idea de patria, presentando al Perú como una unidad no solo geográfica sino como una nación.

Finalmente, debemos señalar que la obra del Dr. José Agustín de la Puente Candamo logra develar cabalmente la real situación ideológica que vivía nuestro país en las postrimerías del virreinato y principios de la república. La conciencia de peruanidad como una unidad había surgido muchos años antes de la presencia de los Libertadores. Es por ello que recomendamos la adquisición de este interesantísimo libro que estamos seguros será provechoso para todo peruano que quiera conocer a profundidad los orígenes de nuestra querida patria.

A propósito de la visita del barón Alexander von Humboldt a Cajamarca

La verdadera felicidad solo se halla en la tranquilidad del alma y no en las riquezas materiales

Por Alexis Arévalo

Cuenta la historia, que el afamado naturalista y explorador alemán barón Alexander von Humboldt (1769-1859), había venido a nuestro país con la intención de estudiar la flora y fauna de nuestras exóticas tierras. En su largo recorrido había llegado a la ciudad de Cajamarca a finales de 1802, en dónde escuchó, de varias fuentes, que aún residían en el lugar los descendientes directos del Inca Atahualpa, último amo y señor absoluto de estas hermosas tierras que le fueron arrebatadas por los conquistadores españoles.

Fue así como Humboldt, conoció al cacique Astorpilco, descendiente directo del Inca Atahualpa, quien lo recibió con los brazos abiertos. El cacique dispuso que su hijo, un joven de apenas 17 años, le enseñara las maravillas de un pasado lejano y las reminiscencias de un imperio que fue el más poderoso y rico de América.

“El hijo del cacique Astorpilco, agradable muchacho de 17 años, que me guiaba a través de las ruinas de su patria y del palacio de sus antepasados, había poblado su imaginación de seductoras imágines, en medio de su extrema pobreza. Figurábase una grandiosa magnificencia y tesoros amontonados bajo los escombros que íbamos pisando, contaba cómo uno de sus antepasados había vendado a su mujer los ojos en otro tiempo, y después de hacerle dar mil rodeos por caminos labrados en la peña, la había conducido a los jardines subterráneos del Inca” (1).

El joven Astorpilco le contó que su antepasada quedó deslumbrada con el jardín repleto de delicadas plantas y árboles frutales, aves posadas en las ramas todo hecho del más purísimo oro; e incluso se encontraban las perdidas andas del Inca Atahualpa. Pese a tal riqueza el marido le dijo a su mujer que no se podían llevar nada pues aún no había llegaba el tiempo anunciado en el que regresaría el imperio “y cualquiera que se apropiase de alguna de aquellas obras maravillosas, debía morir en la misma noche” (2).

Esta hermosa historia, queda como recuerdo y tradición de la familia cajamarquina de los Astorpilco, que por su romanticismo y añoranza al imperio de los incas fueron incluidos con especial aprecio en la obra “Breviario del Nuevo Mundo” de Humboldt. El barón alemán fascinado por tan maravillosa historia le preguntó al joven Astorpilco el porqué no se dedicaba a buscar esa herencia fabulosa que por derecho le tocaba; para su sorpresa el muchacho le respondió que los Astorpilco preferirían vivir pobres y tranquilos que a tener grandes riquezas y ser envidiados por sus parientes y vecinos.

“Dios es justo y bueno; mi padre tiene una chacra donde cultivamos. Esta llanura es fértil. Vivimos en la miseria pero con tranquilidad. Si tuviéramos árboles y frutos de oro macizo, seríamos odiados y perseguidos. Admiré esta moderación india y mis ojos se llenaron de lágrimas” (3).

Resulta interesante leer estas líneas ya que nos muestra un lado más humano del estudioso alemán que perennizó esta hermosa historia para la posteridad. El amor de los indios por su amada tierra resulta encomiable, y demuestra que las tradiciones incas aún se mantenían frescas en sus memorias; guardando además en su corazón, buenos valores y grandes anhelos, en los que la verdadera felicidad solo se halla en la tranquilidad del alma y no en las riquezas materiales.

Fuentes:
(1)   Humboldt, Alejandro de. Breviario del Nuevo Mundo. Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1993, p. 121.
(2)   Loc. Cit.
(3)   Núñez Hague, Estuardo y Petersen Gaulke, Georg. Alexander von Humboldt en el Perú. Diario de viaje y otros escritos. Lima: Fondo Editorial del Banco Central de Reserva del Perú/ Tarea Gráfica Educativa, 2002, p. 69.

Don Ricardo Palma, representante del romanticismo peruano:

A PROPÓSITO DE LA TRADICIÓN PALLA-HUARCUNA

Por Alexis R. Arévalo Vergara,

Miembro de la Sociedad Amantes del País


El Romanticismo fue una corriente literaria que estuvo en boga en buena parte del siglo XIX, surgió como un alejamiento a las formas perfectas y conclusas, así como a todo lo universal que había traído la Ilustración; se acercó más a lo particular y propio de la cultura y hubo una suerte de restauración de los valores nacionales y del pasado, así como una exaltación por las emociones encontradas y los deseos irrefrenables.

La fantasía y la irracionalidad del alma fueron las directrices de sus creativas obras que con suma originalidad tenían a un héroe lleno de pasiones y enfrentado a un ambiente adverso del que buscaba escapar; más si era atrapado por el vil opresor aceptaba sumiso su funesto final porque sabía que había otro mundo, uno mucho mejor que lo aguardaba, lugar donde vería resuelto sus problemas y por fin hallaría esa paz y ese amor tantas veces anhelado.

Esta corriente tuvo muchos representantes, siendo de los más destacados el vizconde francés François-René de Chateaubriand (1768-1848), del que recientemente he tenido oportunidad de leer una de sus magnificas obras, me refiero a “Memorias de Ultratumba” que con fineza cuenta detalles sumamente hermosos de su vida, tanto de prosperidad como de miseria, en el que evoca un mundo idílico, un tiempo pasado al que no había retorno. Muy puntualmente puedo relatar un breve pasaje de su obra en la que cuenta el sincero cariño que le tuvo a su nodriza, mujer plebeya, que pese a las diferencias sociales terminó convirtiéndose en una de sus más fieles amigas, e inolvidable en el relato de su niñez en la hermosa isla fortificada de Saint-Malo.

“Concebí un entrañable afecto hacia la muger que me cuidaba, escelente criatura á quien llamaban la Villenueve, y cuyo nombre escribo ahora con un movimiento de gratitud, y con lágrimas en los ojos. La Villenueve era una especie de mayordomo de casa, que me llevaba en sus brazos, que me daba á hurtadillas todo cuanto encontraba, que enjugaba mi llanto, que me dejaba en un rincon, para volver á cogerme en seguida, y que me llenaba de besos, murmurando. <<¡Este no será orgulloso! ¡tendrá buen corazón! ¡y no tratará mal á las pobres gentes! ¡Toma chiquitín, toma!>> y me daba vino y azúcar. A mis simpatías de niño hácia la Villenueve, sucedió despues una amistad mas digna” (sic)[1].

En el Perú, hubo también importantes representantes de esta corriente literaria de los que se puede mencionar a Pedro Paz-Soldán y Unanue (Juan de Arona), Luis Benjamín Cisneros, Ricardo Palma, etc.  Es de este último del que guardo una especial admiración, ya que su brillante pluma produce en las mentes de los lectores un sinfín de imágenes sugerentes de épocas pasadas y hasta mejores. Como prueba de ello tenemos dentro de sus afamadas “Tradiciones Peruanas” la hermosa historia titulada Palla-huarcuna, leyenda en la que Palma exalta las virtudes y el genio militar del Inca Túpac Yupanqui, quien había conseguido a través de la guerra construir uno de los más grandes imperios de América, con súbditos agradecidos, fieles y llenos de admiración por él, su Inca y Señor.

“¿Adónde marcha el hijo del Sol con tan numeroso séquito? Tupac-Yupanqui, el rico en todas las virtudes, como lo llaman los haravicus del Cuzco, va recorriendo en paseo triunfal su vasto imperio, y por dondequiera que pasa se elevan unánimes gritos de bendición. El pueblo aplaude a su soberano, porque él le da prosperidad y dicha. La victoria ha acompañado a su valiente ejército, y la indómita tribu de los pachis se encuentra sometida. ¡Guerrero del llautu rojo! Tu cuerpo se ha bañado en la sangre de los enemigos, y las gentes salen a tu paso para admirar tu bizarría. ¡Mujer! Abandona la rueca y conduce de la mano a tus pequeñuelos para que aprendan, en los soldados del Inca, a combatir por la patria” (sic)[2].

 

Vemos como Ricardo Palma enaltece al nacionalismo inca y a su sociedad armoniosa; pero advierte, más adelante, a través de una siniestra confabulación del destino, que los días del imperio estaban contados. Sucedió que un día, un magnifico cóndor, monarca de los vastos cielos, había sido herido a traición y caído en el pico más alto de los Andes tiñendo con su sangre las blancas nieves perpetuas. El gran Sacerdote vio en esta triste muerte una revelación del desastre que se avecinaba, pues vendrían conquistadores a implantar su religión y sus leyes. Fue así como las hijas del Sol se dispusieron a cantar y a hacer sacrificios a los dioses, tratando de que el vil augurio jamás se cumpliese.

Entre las hijas del sol, se encontraba una hermosa joven cautiva con labios de rosa, a la cual se le había destinado a ser parte del harén del Inca; pero ella estaba enamorada de un hombre de su tribu al que no podía olvidar. La dorada prisión no resultaba óbice para que ella siguiera pensando en él, este sincero amor era lo único que no la hacía desfallecer en su cautiverio. Descubrió un día, en esas bondades del destino, que su bien amado era también prisionero del Inca, al encontrarlo supo que se había cumplido su mayor deseo, ahora solo les faltaba huir para así vivir su amor con libertad.

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El hijo primogénito del Cacique de Tarapoto

Por Alexis Rolando Arévalo Vergara, Miembro de la Sociedad Amantes del País

El 12 de julio de 2010, la Sociedad Amantes del País publicó un artículo de mi autoría titulado “El último Cacique de Tarapoto (1782-1823)”, en el cual desarrollé la historia del primer y último cacique que tuvo dicha ciudad; asunto sumamente relevante que nos ha ayudado a comprender parte de la historia regional de la selva peruana durante la época colonial.

Como bien sabemos en el Virreinato del Perú subsistió la estructura de autoridad indígena durante los tres largos siglos de dominación española, en una suerte de dualidad de poder; así tenemos como ejemplo que en la Costa, era Cacique de la ciudad de Tacna don Toribio Ara y Cáceres, que fue Prócer de la Independencia y uno de los insurrectos en el Levantamiento de Tacna de 1811; en la Sierra, tenemos como ejemplo más preclaro al insigne don José Gabriel Condorcanqui Noguera (Túpac Amaru II), que fue Cacique de Surimana, Tungasuca y Pampamarca en el Cusco. Sin embargo, ¿qué ejemplo tenemos de un Cacique de la selva peruana?

Es así como surge la figura del noble indígena Don Gabino Thenasoa Upiachigua, primer y último Cacique (o Curaca) que tuvo la ciudad de Tarapoto. Este Cacique había casado con doña María Josefa Viena, siendo padres de siete hijos legítimos, que fueron:

1.- D. Pedro de Alcántara Thenasoa Viena, b. Tarapoto, 8 de agosto de 1784

2.- D. Cosme Damián Thenasoa Viena, b. Tarapoto, 26 de octubre de 1785

3.- D. Manuel Feliz Thenasoa Viena, b.  Tarapoto, 22 de noviembre de 1788. Casó con Da. Gertrudis Urquía; siendo padres de:

3.1.- D. Miguel Juan Thenasoa Urquía, que falleció párbulo, en Tarapoto, el 04.VI.1836(1), calificado como indígena del partido de los Suchiches, lo que da luces sobre la etnia de su progenitor y abuelo.

4.- D. Manuel Simón Thenasoa Viena, b. Lamas, 29 de octubre de 1790

5.- Da. Telésfora Thenasoa Viena, b. Lamas, 5 de enero de 1792

6.- D. Pedro Thenasoa Viena, b. Tarapoto, 24 de agosto de 1793

7.- Da. Juana Nepomuceno Thenasoa Viena, b. Tarapoto, 16 de mayo de 1795

Consideramos que resulta relevante transcribir la partida de bautizo del hijo primogénito del referido Cacique, ya que así podemos demostrar a través de un documento original la nobleza y posición expectante que tenía el Cacique en las postrimerías del siglo XVIII. Es evidente que el hijo primogénito Pedro de Alcántara debió haber sucedido a su padre en el cacicazgo de Tarapoto; si no hubiera sido por  la abolición del título nobiliario en 1823.

TRANSCRIPCIÓN PARTIDA BAUTISMAL:

“Pedro Alcantara Indio           Año de el Sñr. De mil setecientos ochenta y cuatro dia ocho de Agosto Yo Dn. Pedro Sanchez Pareja Cura y Vic° de la Ciud. de Lamas, y sus anexos puso oleo y Crisma á Pedro de Alcantara hijo niño de ocho días a quien le echo el agua Dn. Mateo Babilonia es hijo de el Curaca Dn. Gavino Thenasoa, y de Jusepha Biena Indios de Tarapoto pp. Manuel Garcia Da. María Carmen Gomes, a quienes les encargue tengn. cuidado de enseñar la Doctrina cristiana y buenas costumbres y el parentesco espiritual que han contraído con sus parientes Tgo. Josef Quinteros y para que conste lo firme.

Pedro Sanchez Pareja (sic)”

Luego de leída la partida, podemos ver que el sacerdote don Pedro Sánchez Pareja, encargado de realizar el sacramento del bautizo, hizo expresa mención de la nobleza del padre del bautizado, pues indica que éste ostentaba el cargo de “CURACA” y asimismo le daba el tratamiento de “DON” propio solamente de las personas nobles e ilustres en el antiguo régimen. Resulta, pues innegable que el noble indígena don Gavino Thenasoa fue, sin lugar a dudas, Cacique (o Curaca) de Tarapoto hasta la abolición de los títulos nobiliarios y demás cargos hereditarios, así como lo estipulaba la primera Constitución Política del Perú, del 12 de noviembre de 1823.


(1) Familysearch, Defunciones Tarapoto, p. 88.

El Bicentenario del Primer Grito Libertario Peruano (1811-2011)

Amplio estudio en honor a Zela, el patriota de Tacna

Por Alexis Arévalo Vergara

Este año 2011 se conmemora el “Bicentenario del Primer Grito Libertario Peruano (1811-2011)”, realizado por el valiente patriota don Francisco Antonio de Zela y Arízaga, en la ciudad de Tacna el 20 de junio de 1811. Aunque la revuelta tacneña fue efímera, si logró causar gran impacto en la sociedad en general; demostrando indudablemente que los peruanos participaron activamente en los procesos independentistas que se gestaron simultáneamente en toda América. En tal sentido, no fueron los insignes San Martín y Bolívar quienes despertaron en el Perú el espíritu de libertad; sino más bien se gestó desde hacía una década. Es por este motivo que escribo este artículo en honor a uno de los más grandes hombres que ha visto nacer esta patria.

Antecedentes

El imperio español que otrora había sido el más poderoso de la faz de la tierra ya para finales del siglo XVIII y principios del XIX se debilitaba minuto a minuto. La estocada final llegó cuando el debilitado gobierno de S.M. El Rey Carlos IV de España permitió el ingreso del ejército napoleónico a la península ibérica. Los franceses habían solicitado el ingreso para combatir a los rebeldes portugueses quienes se negaban a cumplir con el bloqueo comercial a Inglaterra. Sea cierto o no que los franceses ingresaron a la península ibérica para castigar a la Casa Real de Braganza o para de hecho, como ocurrió, invadir España; es indudable que el pretexto portugués permitió a los franceses quedarse como amos y señores de toda la península ibérica. El otrora reino de las Españas, había sido anexado al flamante imperio napoleónico. Es más Napoleón I tuvo la osadía de detener a los miembros de la realeza española y retenerlos en Bayona, Francia. La Casa Real de los Borbón había caído en desgracia. Ahora España tendría un nuevo monarca José I Bonaparte, hermano de Napoleón.

Este asunto causó gran revuelo y malestar dentro de la sociedad española y americana; de inmediato desconocieron al advenedizo rey que se hacía llamar José I de España. Los españoles y americanos solo reconocieron como su legítimo señor al hijo del destronado Carlos IV, don Fernando, Príncipe de Asturias que a pesar de sufrir una ignominiosa prisión en Francia, sería proclamado por todos sus fieles como el verdadero y legítimo monarca con el nombre de Fernando VII de España y de las Indias. Tanto los españoles como los americanos devotos al tradicionalismo monárquico de la casa de los Borbón iniciaron conversaciones logrando el común acuerdo de instaurar Juntas Gubernativas que protegieran los derechos dinásticos de Fernando VII, en desmedro del usurpador José I Bonaparte.

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