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El legado de José Luis Bustamante y Rivero: Setenta años de soberanía y jurisdicción marítima.

Por Yordi U. Ugaz Natividad[1]

José Luis Bustamante y Rivero, en su discurso al asumir la presidencia, menciona que es necesario unir momentos antagónicos; uno, respecto al ayer y otro respecto al mañana. El contexto político nacional y mundial es complejo. El ilustre abogado arequipeño, con mucho tino, invita a construir las sendas de la transición mediante la democracia. Es así como, en el célebre “Memorándum de La Paz” establece las directrices para conseguir sus objetivos, dentro de las cuales, variables como, la salvaguarda de los recursos y proteger la soberanía fueron un rol importante. Precisamente, estas consideraciones llevaron a su famosa tesis de la jurisdicción y soberanía sobre las doscientas millas marítimas.

Jose-Luis-Bustamante-y-RiveroHoy en día, la interpretación de la soberanía marítima en el Perú se entiende a partir del concepto de “dominio marítimo”. Ahora bien, ¿cómo se determina este postulado? Para ello es importante remontarnos a las dos principales interpretaciones que la sustentan. Por un lado, la tesis territorialista, que consiste en considerar a las doscientas millas marinas como mar territorial, mientras que la tesis zonista, señala que, la calificación de mar territorial no es sobre el total de las doscientas millas. El referente principal para el debate se ciñe en torno a la protección del mar como recurso hídrico en función a intereses económicos del Perú a mediados del siglo XX.

Precisamente, el principal mecanismo de protección y punto de partida fue el Decreto Supremo No. 781 de 1947, promulgado por el entonces Presidente de la República José Luis Bustamante y Rivero. Uno de los mayores logros en su gestión fue la afirmación de la soberanía en el Mar de Grau[2]. Tal y como lo hace notar: “Como expresiones de la política de afirmación de la soberanía territorial peruana puedo citar la Declaración extensiva de aguas jurisdiccionales o mar territorial hasta el límite del zócalo continental […] (Bustamante, 1949, p. 331).

Este Decreto Supremo se deslinda respecto a las antiguas concepciones sobre el Derecho del Mar, básicamente por tres puntos centrales. En primer lugar, las consideraciones de soberanía y jurisdicción nacional sobre el zócalo continental y el mar adyacente a nuestras costas. En segundo lugar, porque establece zonas de control y protección marina por doscientas millas. Finalmente, recoge el principio de libre navegación de los mares en todas las naciones. Mediante estas consideraciones, esta norma busca contener la pesca indiscriminada y asegurar los recursos de nuestro litoral.

José_Luis_Bustamante_y_Rivero_(1968)De esta manera, Bustamante y Rivero logra convertirse en el precursor del incipiente Derecho del Mar en el mundo. Este postulado no constituye una referencia gratuita, la “[…] anchura de 200 millas al mar territorial peruano no fue hecha a humo de pajas o en forma antojadiza: se hizo con referencia a la Corriente de Humboldt […] que en buena parte del año alcanza esa misma anchura máxima.” (Bustamante, 1974, p. 7). Además, debido a la variedad de especies que se encuentran dentro de ese rango, por lo que, fue necesario asegurar dichos recursos frente a terceros, resguardando la soberanía nacional.

Así, la importancia de Bustamante y Rivero fue ser el pionero en la lucha por la soberanía marítima del Perú. Este primer hito se materializa a través de otro gran hito: La constitucionalización del Mar de Grau. La Asamblea Constituyente de 1978 retomó el debate respecto a qué posición adoptar (territorialista o zonista) en nuestra soberanía marítima. Finalmente, tanto en la constitución de 1979 como la de 1993, se apostó por un postulado sui generis, donde se hizo referencia al “dominio marítimo del Estado” entendido de la siguiente manera:

“[…] comprende el mar adyacente a sus costas, así como su labor y subsuelo, hasta la distancia de doscientas millas marinas medidas desde las líneas que establece la ley. En su dominio marítimo, el Perú ejerce soberanía y jurisdicción, sin perjuicio de las libertades de comunicación internacional, de acuerdo con la ley y los convenios internacionales ratificados por la República.” (Artículo 98, Constitución Política del Perú, 1979)

“[…] comprende el mar adyacente a sus costas, así como su lecho y subsuelo, hasta la distancia de doscientas millas marinas medidas desde las líneas de base que establece la ley. En su dominio marítimo, el Estado ejerce soberanía y jurisdicción, sin perjuicio de las libertades de comunicación internacional, de acuerdo con la ley y con los tratados ratificados por el Estado.” (Artículo 54, Constitución Política del Perú, 1993)

Según Gamboa (2008):

“El constituyente de 1978, así como el de 1993, no aceptó la tesis de un mar territorial de 200 millas, ya que el debate habría sido la oportunidad para establecerlo; en cambio, la Asamblea Constituyente prefirió reafirmar una posición moderada: una categoría modal mucho más ambigua o permeable que la del Decreto Nº 781 y de la Convemar, donde estas últimas categorías podrían adecuarse a la primera” (p. 9)

Precisamente, la Constitución de 1979 prepara al Estado Peruano para su adscripción a la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar[3] en 1982, sin embargo, esto no fue así. El embajador Bákula (1985) menciona que “[…] con la consistente política desarrollada por el Perú durante los últimos 35 años, la delegación del Perú procedió el 30 de abril de 1982, a votar a favor de la Convención [del Mar].” (p. 14). Ahora bien, el gobierno de Belaunde Terry (1980-1985) dio un paso al costado. El Ministerio de Relaciones Exteriores, mediante Comunicado No. 01 del 16 de marzo de 1983 señala que el gobierno decidió no firmar la Convención sobre Derecho del Mar por el momento. (Bákula, 1985, p. 16).

Así es, inexplicablemente, el Perú no suscribió la convención pese a ser el gran abanderado del proyecto. Hasta el día de hoy es un tema que está pendiente. Aunque, a raíz del fallo de la Corte Internacional de Justicia en el diferendo marítimo entre Perú y Chile en el año 2014, se reavivó el debate; pero las falacias, los rumores y la insensatez de la clase política llevaron a sepultar el tema una vez más. Ahora bien, ¿cuál es el temor hacia la CONVEMAR? Quizá el principal argumento sea el mito de la soberanía relacionado a proclamas como, “ceder cinto ochenta y ocho millas” o, “permitir que otros estados pesquen en nuestras aguas”, así como un largo etcétera.

En ese sentido, merece explicar en qué consiste la CONVEMAR y por qué el Perú debe adherirse a ella. La CONVEMAR es uno de los tratados multilaterales más importantes en cuanto a la concepción del nuevo derecho del mar. Este enfoque establece espacios marítimos en todo el océano, derechos y límites para los estados parte, los cuales son una necesidad dentro del ordenamiento territorial. Someramente, la convención establece 12 millas de mar territorial[4] y 188 millas de Zona Económica Exclusiva (ZEE). Este espacio permite ejercer la soberanía y jurisdicción de un estado para la explotación, conservación y administración de sus recursos naturales (CONVEMAR, Artículo 56).

El Perú se encuentra ubicado geográficamente en medio de América del Sur. Es considerado como punto intermedio entre el Canal de Panamá y el Estrecho de Magallanes, debido a esa posición estratégica, es necesario una política de libertad de navegación de buques y sobrevuelo de aviones. Si bien es cierto, nuestro país cuenta con una serie de acuerdos bilaterales para tales fines, sin embargo, no basta. Es menester contar con una política recíproca y de cooperación internacional que beneficie el comercio internacional entre las naciones. La CONVEMAR nos ofrece esa salida.

En cuanto a la regulación del tendido de cables submarinos, esta resultaría beneficiosa.[5] No solo porque ayudaría a identificarlos, sino porque promueve una mejora de la cobertura en las telecomunicaciones. Esto brindaría oportunidades a otras empresas para competir en el mercado, lo que significa mayores inversiones en nuestro país (traducida en empleo) y mayor competitividad entre las empresas, donde el consumidor peruano sería el mayor beneficiario. Hoy en día el acceso al internet juega un rol fundamental en el desarrollo de las sociedades, puesto que faculta al ejercicio de otros derechos, también recorta la brecha digital entre los estados.[6]

Otro de los puntos importantes son las consideraciones en cuanto a alta mar. Actualmente, el dominio y jurisdicción marítima del Perú termina en las doscientas millas adyacentes a sus costas, no tiene capacidad en alta mar. La CONVEMAR regula las libertades en dicha zona marítima, fomentando la pesca responsable para la sostenibilidad de las especies, teniendo en cuenta la temporada de reproducción y de caza. En el Perú no se respetan tales límites, puesto que no tiene capacidad sobre alta mar.  Finalmente, la Convención manifiesta una represión expresa hacia la piratería, tráfico de drogas, transporte de esclavos y demás. Hay que tener en cuenta el enfoque de seguridad y vigilancia en los mares.[7]

Finalmente, hablemos de la protección al ambiente marino. Para el Perú es improbable llegar a proteger las doscientas millas. El mar, como elemento líquido, se encuentra en constante movimiento, por lo que la protección no solo depende de nuestro país, sino de sus vecinos. Lo mismo sucede con la conservación de especies transzonales como la anchoveta. La CONVEMAR propone un ambiente de cooperación, donde no solo sea Perú en la custodia, sino todo el litoral conjuntamente con Ecuador, Colombia y Chile. Se trata de cuidar un mismo recurso que es cíclico y es de todos. Es la única manera de, por lo menos, tratar de conservar el océano.

Hemos visto las cuantiosas ventajas de la CONVEMAR. La posición ambivalente del Perú no es entendible. De ser el abanderado por más de tres décadas en las negociaciones de la CONVEMAR a convertirse en el segundo país en América Latina —conjuntamente con Venezuela—, que no ha firmado dicha convención. La posición acrónica que sigue manteniendo el Perú es lamentable. Nos hemos quedado en las disposiciones del Mare Nostrum, posiblemente por el falso discurso de soberanía absoluta que es alimentado por chauvinismos sin fundamento. Así, en ocasión a los 70 años del legado de Bustamante y Rivero, se debería dejar a un lado este debate. Ni territorialistas, ni zonistas: Convencionalistas.

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BIBLIOGRAFÍA

  • TRABAJOS ACADÉMICOS

Bákula, J. (1985). El dominio Marítimo del Perú. Lima: Fundación M.J. Bustamante De la Fuente.

Bustamante, J. (1949). Tres años de lucha por la democracia en el Perú. Buenos Aires: s.n.

Bustamante, J. (1974). El derecho del mar y la conferencia de Caracas. Revista Derecho PUCP (32), 5-11. Obtenido de Revista Derecho PUCP Sitio Web: http://revistas.pucp.edu.pe/index.php/derechopucp/article/view/6211

Gamboa, C. (2008). La Convemar y el Perú: ¿La Constitución de los Océanos o el Contrato de Privatización del Mar de Grau? Boletín DAR (65), 1-35.

  • LEGISLACIÓN PERUANA

Constitución Política del Perú. Diario Oficial El Peruano, Lima, Perú, 1993

Constitución Política del Perú. Diario Oficial El Peruano, Lima, Perú, 1979

Decreto Supremo 781, por el cual se establece la soberanía y jurisdicción del estado sobre las doscientas millas marinas. Diario Oficial El Peruano, Lima, Perú, 1 de agosto de 1947

Ley 23856, por la cual, el dominio marítimo del estado, a que se refiere el artículo 98 de la Constitución Política de la República, se denomina “Mar de Grau”. Diario Oficial El Peruano, Lima, Perú, 8 de junio de 1984

  • TRATADOS INTERNACIONALES

Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.1982

  • OTROS

Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú & Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile (6 de febrero de 2014). Declaración Conjunta de los Ministros de Relaciones Exteriores y Defensa de Perú y Chile con ocasión de la reunión extraordinaria del Comité Permanente de Consulta y Coordinación Política (2+2). Santiago de Chile: s.n.

La Rue, F. (16 de mayo de 2011). Informe del Relator Especial sobre la promoción y protección del derecho a la libertad de opinión y de expresión. Organización de Naciones Unidas. Consejo de Derechos Humanos [17º período de sesiones].

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[1] Bachiller en Derecho por la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.

[2] De acuerdo con la Ley 23856 del 8 de junio de 1984, se refiere como “Mar de Grau” al dominio marítimo del estado.

[3] En adelante: CONVEMAR

[4] En esa zona del mar se ejerce el derecho de Paso Inocente. De acuerdo con el artículo 19 de la CONVEMAR: “El paso es inocente mientras no sea perjudicial para la paz, el buen orden o la seguridad del Estado ribereño […]”

[5] CONVEMAR, Arts. 79, 112, 113, 114 y 115

[6] Para mayores alcances sobre infraestructura, internet y derechos; consultar el Informe del Relator Especial sobre la promoción y protección del derecho a la libertad de opinión y de expresión, Frank La Rue. (16 de mayo de 2011).

[7] Es importante la protección de alta mar, puesto que representa un gran porcentaje en la actividad económica en los mares, como, la explotación minera, la extracción de petróleo, el transporte marítimo, la pesca, entre otros.

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UN FRAGMENTO DE LOS ESPEJISMOS DEL LLAMADO “ESTADO DEL BIENESTAR”

Por Walter Brunke Ríos, Presidente de la Sociedad Amantes del País.

En la ultima campaña electoral presidencial, los peruanos fuimos testigos de las propuestas hechas por algunas agrupaciones políticas de encaminar el desarrollo de nuestro país, teniendo como meta y telón de fondo los ejemplos de Estado del bienestar confeccionados en ciertos países europeos. Dichos planteamientos deslumbraron a no pocos jóvenes y adultos por las promesas de crecimiento del bienestar material participado por todos los miembros del país.

La realidad es que el modelo de Estado del bienestar entró en quiebra desde finales del siglo XX… Y el abandono de sus principios fue inevitable a la luz siempre contundente de los hechos. Sin embargo, aquí se propuso irresponsablemente reproducir dicho modelo, si bien, quizá, “a lo peruano”. Digo irresponsablemente, porque la política no se mide por las buenas intenciones supuestamente patentes en metas pregonadas, sino por la posibilidad de hacer realidad dichas metas sociopolíticas o económicas, y sobre todo, por su efectiva realización de manera consistente y no efímera. Digo irresponsablemente, porque se hizo alegremente las proposiciones sin tener en cuenta, ni mostrar los costos económicos y sociales de dicho rumbo.

estado de bienestar

A las ideologías les interesa el Poder y no la verdad ni la realidad. Esto explica en parte por qué en nuestro país surgen muchos “políticos” contumaces en la improvisación y la imprevisión: la realidad les resulta desconocida y no termina de sujetarse a los dictados del voluntarismo político.

Sobre el particular, sugiero la lectura del artículo “Interviene la empresa y el mercado en nuestro proyecto familiar?”(*), de César Nevot, el cual contiene reflexiones valiosas para quien desee tener algunos elementos más de juicio a la hora de valorar las distintas políticas que se le ofrezcan en la siguiente campaña electoral.

Particularmente llamo la atención sobre las ideas que cito a continuación:

“El problema es que desde la dimensión social la pirámide demográfica muestran una compleja situación en países como España donde el futuro se ve comprometido, poniéndose en mayor relevancia la sostenibilidad del sistema de pensiones en tanto que es un sistema de reparto y no de capitalización.

Es decir, que los pensionistas reciben su prestación de los que en ese momento están trabajando y no de lo que durante su periodo laboral han estado capitalizando. Por lo tanto, una pirámide demográfica que muestra una reducción en su base, en tanto que la tasa de natalidad va en descenso, nos vaticina un futuro en el que la percepción de las pensiones se va a ser seriamente comprometida a pesar de haber devengado los derechos necesarios.”

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(*) Cfr. https://es.aleteia.org/2017/10/25/interviene-la-empresa-y-el-mercado-en-nuestro-proyecto-familiar/

La devoción del Sagrado Corazón de Jesús y su Iglesia en Lima

Por José Gálvez Krüger, Director de la Enciclopedia Católica en Aci Prensa.

La Sociedad Amantes del País se complace en compartir una breve reseña del intelectual peruano José Gálvez Krüger, quien nos relata la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y su Iglesia en Los Huérfanos, ubicada a solo una cuadra del parque Universitario y del Edificio Alzamora, hoy sede de diversos juzgados de la Corte Superior de Justicia de Lima. Esta antigua parroquia tiene una preciosa factoría, a la cual animados fuimos este viernes 20.X.2017, a fin de tomar algunas fotografías para compartir con nuestros distinguidos lectores.

“En 1739 se establece en la ciudad de Panamá -en ese tiempo dependiente de Perú- la primera Congregación ofrendada al Corazón Santísimo en América del Sur. Fue también en suelo peruano donde se levantó, en el año 1742, la primera iglesia dedicada en el Nuevo Mundo al Corazón de Jesús Sacramentado; aunque debido a terremotos y otros sucesos no se inauguró has el 6 de abril de 1766; tal es el origen de la iglesia del Sagrado Corazón de Huérfanos, en la cuadra 7 del jirón Azángaro” (1).

Con las revelaciones a Santa Margarita María Alacoque a fines del siglo XVII en Paray-le-Monial, la devoción reparadora al Corazón de Jesús se expande a toda Francia y al resto de Europa. Lima tendrá el privilegio de recibir sus reliquias en el mes del corazón de Jesús. En 1733, por iniciativa del venerable P. Bernardo de Hoyos S. J. se funda en España la primera Congregación en su honor, y en 1734 se edita en Valladolid el célebre libro de su director espiritual, el P. Juan de Loyola, Tesoro escondido en el Sacratísimo Corazón de Jesús, que tanto ayudaría a la difusión de su culto. Particularmente el Movimiento del Apostolado de la Oración, custodio y difusor de la devoción gracias –entre otras- a la práctica del ofrecimiento de las acciones de cada día y la preparación de la novena y fiesta del Corazón de Jesús.

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(1) Blog de José Antonio Benito. “El Corazón de Jesús”. En línea: ¨Cfr. http://jabenito.blogspot.pe/2012/06/el-corazon-de-jesus-en-el-peru.html

12 de octubre: día de la hispanidad y el mestizaje

Por Aleks Narvaez Espinoza, Egresado de Historia por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

El 12 de octubre de 1492 España llegó a América con la Cruz y la Espada. Trajeron lo mejor y lo peor de ellos. Sangre y odio derramaron, con hierro y fuego se forjó una nueva etapa de la historia en América. Europa había llegado. De un cristianismo militarizado cuasi fanático que había vencido y expulsado de su tierra al moro infiel y ahora había llegado a América e iniciaba su nueva cruzada para someter y evangelizar al indio pagano. Vinieron de toda hispania desde castellanos, leoneses, extremeños a gallegos junto a andaluces con catalanes e incluso vascos y navarros.

Descubrimiento de América

Descubrimiento de América – 12.X.1492.

Atravesaron miles de kilómetros por mar y tierra, luchando y saqueando palacios y templos en su camino, derribando ídolos y cultos a muchos dioses y edificando encima iglesias a su único Dios. Valientes, brutales, ambiciosos, violentos, osados y tercos así como crueles en la lucha, españoles al fin y al cabo. Se asentaron así en nuestra tierra. Fueron híbridos de mercantilistas con mentalidad semi feudal. Fue así que gozaron de sus riquezas y se mezclaron con las nativas y luego con sus esclavas africanas. Surgieron de ellos los criollos, los mestizos, los mulatos y demás castas. Y de ese periodo surge nuestra hispanidad, nuestra herencia mestiza. Hijos de muchas sangres que aún entre nosotros no podemos entendernos. Pero somos lo que somos y como aquel pensador y político español J.A Primo de Rivera dijera: “América es para España no solo la anchura del mundo mejor orientada a su influencia cultural sino uno de los mejores títulos que puede alegar España para reclamar un puesto preeminente en Europa y el mundo” y tal como en sus versos el propio Pablo Neruda dijera del legado de español en nuestra lengua: “Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores… éstos andaban por las Américas encrespadas… con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo…Todo se lo tragaban… Pero a los bárbaros se les caían, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro…Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras” y finalmente el genial Octavio Paz que mejor que nadie lo entendería al pedir comparar a Cortés con Cuahtemoc: “Negar a uno es negar al otro y es negarnos a nosotros mismos” ya lo decía el mismo Vasconcelos “Por mi sangre hablara el espíritu”. Pues eso somos el legado que se transmite en la Lengua castellana, la fe católica y nuestra cultura mestiza…Eso es Hispanidad.

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GOBIERNO Y EPISTOLARIO DE DON JOSÉ DE SAN MARTÍN, PROTECTOR DEL PERÚ

Por el Dr. José Agustín de la Puente Candamo, miembro de la Sociedad Amantes del País y ex Presidente de la Academia Nacional de la Historia.

La Sociedad Amantes del País invita a sus distinguidos lectores a leer el Tomo XIII de la “Colección Documental de la Independencia del Perú”, obra colosal que se publicó en el sesquicentenario de nuestra independencia nacional. A través de esta introducción, el Dr. J. A. De la Puente Candamo nos refiere el contenido e importancia de dicho estudio, el cual sustenta los orígenes del Perú como un Estado libre. Próximos a celebrar el Bicentenario Nacional (1821-2021) la lectura de este texto nos ayudará a profundizar sobre este convulso y apasionante periodo de nuestra historia.

La obra del gobierno de San Martín en el Perú y el epistolario del Protector del Perú con los peruanos de las horas de lucha es materia del tomo XIII de la Colección Documental de la Independencia del Perú, del cual este volumen es parte integrante.

El objetivo es muy claro: ofrecer la visión de la obra de San Martín como gobernante del Perú. Hay dos etapas precisas, ambas integrantes de la recopilación: la primera, desde el momento de la llegada de San Martín a Paracas, 8 de setiembre de 1820; la segunda desde la proclamación de la independencia  nacional, el 28 de julio de 1821 hasta el 20 de setiembre de 1822, cuando San Martín entrega el gobierno y se retira del Perú.

Evidentemente lo que puede entenderse como obra de gobierno organizada y estable es asunto posterior a la declaración de la independencia y a la instalación del Protectorado; no obstante, desde la llegada al Perú de la Expedición Libertadora hasta julio de 1821 muéstrense diversas disposiciones de orden castrense, relativas a la tranquilidad pública y a negociaciones con los españoles, que pertenecen de manera evidente a la obra de gobierno de San Martín.

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Dr. José Agustín de la Puente Candamo

La antes dicha obra de gobierno se recoge en dos volúmenes de los cuales este es el primero y en él se agrupan, dentro de una clasificación que persigue la mayor claridad posible, los textos legales y las diversas normas.

Sin embargo hay que aclarar que los dos volúmenes dedicados al Gobierno de San Martín, y el volumen que comprenderá su epistolario con peruanos, integrantes del tomo XIII antes mencionado, no son los únicos que registran documentos del antiguo Jefe de la Expedición Libertadora.

En efecto, aparece el tema sanmartiniano en diversos tomos de la Colección Documental, a saber: el Tomo V, vol. 1.° y 2.°, “La acción patriótica del pueblo en la Emancipación. Guerrillas y montoneras”; el Tomo VIII, vol. 1.° a 3.°. “La Expedición Libertadora”; el Tomo VI, vol. 2.° al 5.°, “Asuntos Militares”; el Tomo VII, vol. 1.° al 3.°, La Marina; el tomo XXV “El Teatro en la Independencia”; el Tomo XX, “La Iglesia”; el Tomo XXI “Asuntos Económicos”; el Tomo XXII “Documentación oficial española”, vol. 1.° y 2.°; el Tomo XXIV, “La Poesía de la Emancipación”; el Tomo XXVI, “Memorias , Diarios y Crónicas”, vol. 1.° al 3.°; el Tomo XXIX” Iconografía”; el Tomo XXX, Bibliografía. Igualmente las ediciones de papeles de Unanue, de Reyes, de Riva Agüero, de Torre Tagle y de las Misiones Peruanas comprenden el tema sanmartiniano.

En los diversos tomos antes citados y en sus respectivos volúmenes aparece San Martín de manera exclusiva, o encuéntranse diversos testimonios suyos o de su tiempo.

Lo expresado anteriormente responde al espíritu de la Colección Documental de la Independencia del Perú, que quiere presentar la imagen de la época precursora y de la época de los Libertadores sin recorte alguno y sí con el propósito de aportar a los investigadores el conjunto esencial y diverso para entender nuestra emancipación.

Los peruanos al exaltar el tiempo de los Precursores y al reiterar el encomio de los hombres que nacieron en el Perú y que sirvieron a la Emancipación, y al insistir en el origen peruano de la Independencia y al afirmar que no se nos impone desde el extranjero, no pretendemos ni olvidar ni recorte los aportes de hombres, de ideas o de actividades originados de diversas regiones de América o de Europa.

coleccion

El orden de los dos volúmenes dedicados al Gobierno de San Martín es el siguiente:

  1. El Reglamento Provisional de 12 de febrero de 1821.
  2. Declaración y Proclamación de la Independencia del Perú.
  • El Protectorado.
  1. Documentación varia.
  2. Las Guías de Forasteros.

El primer apartado no requiere mayor explicación; es la reproducción del mismo texto legal.

El segundo, además del acta de la Declaración de la Independencia, agrupa algunos testimonios vinculados con ésta y con la Proclamación. No se desarrolla más ampliamente este tema, pues un tomo de la Colección está dedicada de manera específica a las actas de Declaración y a las ceremonias de Proclamación de la Independencia en diversos lugares del Perú.

La tercera sección de este tomo es eventualmente la más nutrida y la que encierra una visión integral y sistemática de la obra del Gobierno del Protectorado en el Perú.

Bien sabemos que San Martín entre nosotros advirtió desde su desembarco en nuestra costa que tenía entre las manos dos tareas irrenunciables y absolutamente enlazadas la una con la otra: la guerra contra los españoles y la organización del Estado peruano recién fundado.

Como factor que reitera el enlace entre ambos temas hállase en San Martín, como en otros hombres de su tiempo, la preocupación por evitar a anarquía, la gran angustia de la época. Que el bien de la Independencia que se gana con tanto esfuerzo y con tanto dolor, no se pierda la división anárquica entre los peruanos.

La presencia de este legítimo temor a la anarquía está expresa o implícita en buena parte de la legislación sanmartiniana. Precisamente el gobierno vigoroso que San Martín establece en el Perú y las razones por las cuales asume el mando de Protector de nuestra libertad, se explican por su voluntad de afirmar un Ejecutivo fuerte en momentos de guerra y de profunda transición.

Además, la legislación del tiempo del Protectorado es como lo dice el mismo fundador de nuestra independencia una legislación transitoria en tanto que se reúna el Congreso del Perú, y que sólo busca la buena marcha de la guerra y la inicial afirmación de la buena autoridad.

Pero hay algo más. San Martín, y esta es virtud capital que los peruanos no olvidamos, orienta sus disposiciones legales no en función de esquemas teóricos, sino que muy al contrario considera con minuciosidad la realidad peruana para que estos dispositivos legales se conviertan de verdad en instrumentos eficaces. No puede desconocerse que hay en San Martín discreción, prudencia, cautela. La revolución que él encarna, y que es siempre revolución, procura que se presente en el procedimiento y en el progresivo contenido como un cambio no brusco ni violento, y procura, del mismo modo, que la Emancipación no representa una paralización de la vida del Perú.

Piensa San Martín, y está en la entraña de su primera acción legislativa, que lo esencial reside en que el ejercicio del poder pase a manos de los peruanos, a los señores del Perú. En una segunda instancia atiende a que las nuevas normas ganen el respeto y la obediencia de la población; en un tercer nivel, sin que esto signifique una secuencia matemática, hállese inequívoca en San Martín y en su obra una clara preocupación de orden social orientada a realizar el bien común de los peruanos.

Dentro de su ánimo que busca afirmar la creencia en la autoridad y evitar la anarquía, como antes reiteradamente se expresa, aparece en San Martín la forma monárquica como un instrumento transitorio y pedagógico, que significara frente a los días y a las costumbres virreinales una transformación sin violencia, sin riesgo de desacato.

En esta obra esencial de gobierno de San Martín en el Perú entre julio de 1821 y setiembre de 1822, y aun desde la llegada a Paracas, no puede presentarse su política como tarea originalísima o personal. Al lado del Protector en la inspiración ideológica y de la influencia humana y en la amistad se hallan Bernardo de Monteagudo, sin duda el artífice ideológico del Protectorado; Juan García del Río, el hombre fino y culto que orienta múltiples labores con su delicadeza humana; y está igualmente Tomás Guido, amigo cercano de San Martín y siempre leal a su nombre y a su obra.

Y entre los peruanos que se hallan a la vera del Protector  no puede omitirse a José de la Riva Agüero, hombre fundamental en los días anteriores a la Expedición Libertadora y en el proselitismo constante, sin olvidar la posterior y profunda discrepancia con Monteagudo que es asimismo un alejamiento de San Martín; a Hipólito Unanue, en los primeros pasos de la organización hacendaria y en el consejo siempre sabio y discreto; a Torre Tagle, que para San Martín y para el Perú representa el aporte del norte con el pronunciamiento de Trujillo por la libertad, y que colabora con San Martín en el interino ejercicio del poder como Supremo delegado.

Y está presente en los días del Protectorado José Faustino Sánchez Carrión, quien al manifestar su discrepancia con la forma monárquica aporta luces y energía para el esclarecimiento del futuro del Estado en el Perú.

Sin afán hiperbólico alguno, con la mayor serenidad puede decirse que a obra de gobierno de San Martín en el Perú responde a principios sanos, persigue la derrota de los españoles y la firmeza del nuevo Estado, afirma el dominio de la Patria en la mayor parte de nuestro litoral, en la sierra del norte y en alta proporción en la sierra del centro, y durante su dominio se afirma el señorío en los rumbos del mar. Pero hay algo más y tal vez más profundo: San Martín que es el fundador de nuestra independencia, se afana porque ésta no sea el fruto glorioso de un triunfo militar que sus tropas, sino que muy al contrario anhela que sirvan de testimonio para que los peruanos pudieran expresar sin incertidumbre la voluntad separatista.

En fin, como alguna vez lo he expresado, San Martín que desde los días de Abascal piensa en las provincias del Plata en la necesidad de llegar al Perú para consolidar la independencia de América, no es entre nosotros un extranjero, sino un hombre que nace en otras comarcas del Imperio español y que con su espíritu y voluntad separatista y con su conducta discreta se une al destino histórico del Perú.

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Villancicos a Santa Rosa de Lima (1668-1671)

Por Carlos Arrizabalaga Lizarraga, Doctor en Filología Hispánica y profesor de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Piura.

Muchos poetas han escrito composiciones referidas a la vida y la figura de Isabel Flores de Oliva. Tal vez entre los primeros pueden estar unos endecasílabos pareados conceptistas del trinitario valenciano fray Juan Bautista Aguilar. Este elocuente religioso los publicó con el nombre de “Canción a Santa Rosa”, y probablemente tuvo música y formó parte de celebraciones religiosas. Salió impresa en Varias hermosas flores del Parnaso (Valencia, 1680), donde él mismo recoge poesías castellanas de autores famosos además de unas 40 composiciones de su propia pluma. El padre Vargas Ugarte lo dio a conocer en 1951; posiblemente los había encontrado en una curiosa antología reparada por Juan Pérez de Guzmán (1841-1928), publicada en Madrid en 1891, con todas las poesías castellanas que tenían como tema la reina de las flores.[1]

¡Oh, mil veces feliz!, pues que dichosa

en el mundo, jardín, luciste rosa,

y en tu purpúrea flor por su ventura

herido breve pie la dio hermosura,

y a ti en rara virtud, con gran fineza,

larga mano de Dios te da belleza.

Vive entre espinas, reina de las flores,

esa que a hermoso prado ofrece honores,

y entre penas que glorias tú imaginas,

reina resides, siendo las espinas,

quien te fabrica en ansias transitorias,

trono de penas para eternas glorias.

De esos mismos años proceden numerosas composiciones que iluminaron con palabras hermosas las celebraciones de la beatificación y de la canonización de la santa limeña. Han sido estudiadas por el profesor Miguel Zugasti, de la Universidad de Navarra y por la profesora María Luisa Lobato, de la Universidad de Burgos, ambos en España.

Los festejos por su beatificación de Rosa de Santa María tuvieron lugar en la basílica de San Pedro de Roma el 15 de abril de 1668. En Madrid se desarrollaron en octubre de ese mismo año. En Lima las celebraciones acontecieron casi un año después, el 30 de abril de 1669, justo cuando Rosa es declarada oficialmente patrona de Lima y el Perú. Desde entonces se celebra la festividad de Santa Rosa el 30 de agosto de cada año en varios países católicos, mientras que en Europa se celebra su día cada 23 de agosto. El papa Clemente X la proclamó santa el 2 de abril de 1671, y muchos poemas se harán eco de esas fechas de abril y agosto para ensalzar su nombre, puesto que también el nacimiento de la santa fue un 20 de abril de 1586 y falleció un 24 de agosto de 1617.

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Santa Rosa de Lima (1683), óleo sobre lienzo, 240 x 160 cm., realizado por Claudio Coello, destacado pintor del barroco madrileño. Museo Nacional del Prado, España.

El doctor Zugasti ha publicado recientemente la edición filológica de la comedia que Moreto dedicó a Santa Rosa para celebrar que su nombre subía a los altares de la cristiandad. Agustín Moreto y Cabana (Madrid 1618-Toledo 1669) dejó en efecto inconclusa una Comedia famosa. Santa Rosa del Perú, sobre la vida de la santa en dos jornadas que fueron acabadas con una tercera rematada  por don Pedro Francisco Lanini y Sagredo, un autor menos destacado treinta años más joven que Moreto. La obra empieza con unos músicos que cantan alegremente:

Ser reina de las flores

la rosa es común,

y de las reinas, reina

la Rosa del Perú.

Teniendo a Lima el cielo

envidia de su luz,

trocaron sus estrellas

el nácar al azul.

Engrandézcase el Perú

si la plata le enriquece,

que la Rosa le ennoblece

con belleza y con virtud.[2]

La obra celebra beatificación de Rosa de Santa María (1568-1617) y se publicaría en 1671, el mismo año de su canonización como la primera santa americana.[3] Su representación formó parte de los festejos religiosos que se celebran en España y el Perú en honor a la nueva patrona de América y Filipinas. La defensa de la fe católica se contempla en el marco de la expansión de la religión católica en el Nuevo Mundo, que antes de la llegada del Evangelio representa la morada tradicional de la herejía, las tinieblas y la idolatría. Por ello el demonio está representado por un indígena pagano, que se muestra colérico por el triunfo de la santa. “Ya voy rabiando de verme / por una mujer vencido”, declara en un momento dramático. Es fiel al relato de la vida de Rosa escrita por el dominico L. Hansen. Según el profesor Zugasti, su fuente directa habría sido la Historia de la maravillosa y admirable vida de la venerable Madre y esclarecida virgen Sor Rosa de Santa María, de fray Andrés Ferrer de Valdecebro (1666), quien elabora su texto a partir de la biografía de Hansen y otras fuentes menores. La comedia presenta escenas de la unión mística de la santa con la Virgen y con el niño Jesús, y además repite un episodio en que Rosa pronostica que le va a llegar un regalo de chocolate de la casa de don Gonzalo de Maza. Su amigo Juan, que pretendía lograr la mano de la bella joven, declara conmovido por la piedad, que entrará a la orden dominica y en ese momento se cierra el telón.

La escena más impactante es la defensa que hace Rosa de la ciudad de Lima ante la amenaza de un ataque naval por parte de una armada holandesa. Aunque cunde el pánico en Lima por este ataque calvinista, Rosa siente alegría, en vez de sumirse en el miedo y la desesperación, y se alegra porque cree. El motivo de la rosa como fuerza en la debilidad y memoria perenne en la brevedad se desarrolla profusamente en la comedia. En la escena final, se declara que no es sólo una “débil mujer” la que mejor defiende la fe en América, sino que —como consecuencia del sacrificio y el martirio de Santa Rosa— Jesucristo y su corredentora la Virgen María son los que aseguran el triunfo del catolicismo en el Perú virreinal. Por eso también se justifica que atribuya a la santa la dignidad de reina de las flores, que a su vez era una aposición común a la rosa.

Agustín Moreto fue también autor de coplas y villancicos que formaron parte de las celebraciones en torno a la beatificación de Isabel Flores de Oliva. Han sido estudiados también por el profesor Zugasti. En ellos, pone en relación la idea de la santidad con la imagen del jardín, en este caso dominico, referencia a los meses de nacimiento y muerte de la santa y con una clara alusión a la ciudad de Lima, donde todo el año se siente un clima primaveral:

Rosa de Santa María.

Que el abril la produjo

para este reino,

y el agosto cortada

la llevó al cielo.

Prodigio nuevo,

que cuando el vicio

al mundo tiene agostado,

el jardín de Domingo

siempre es un mayo.[4]

Hubo en ese momento muchas otras expresiones de fervor religioso en torno a la santa limeña. La profesora María Luisa Lobato ha estudiado con prolijidad el conjunto de poesías en honor a Santa Rosa que se publicaron bajo el título: Rasgo breve, disceño [sic] corto del religioso culto que la Nobleza Peruana consagró en el Real Convento de Santo Domingo de esta Corte a la bienaventurada Rosa de Santa María, natural de la ciudad de Lima, en obsequio de su solemne Beatificación. El autor fue Nicolás Matías del Campo y de la Rinaga, caballero de la Orden de Santiago, y estaba dedicado al presidente del Real y Supremo Consejo de las Indias, don Gaspar de Bracamonte y Guzmán, conde de Peñaranda, el año 1668, como recuerdo de la fiesta patrocinada por tres nobles peruanos, entre los que se contaba Juan Bravo de la Maza, nieto del contador Gonzalo de la Maza, en cuya casa feliz murió la santa. El volumen contiene sonetos, una relación y villancicos compuestos por Calderón de la Barca, Vélez de Guevara, y otros, y entre ellos se encontraban los ya mencionados de Moreto. También hay seguidillas y quintillas de autores diversos. Entre los versos de Calderón dedicados a santa Rosa, podemos recoger los siguientes, que establecen una duda respecto de la razón por la que le pusieron Rosa aunque la flor del lirio era considerada entonces el símbolo de la pureza. Pertenecen al segundo de los villancicos del gran dramaturgo español:

Si Isabel es juramento

de Dios y se cumplió en ella,

pues desde su tierna edad

amor la juró por reina,

¿por qué el amor deste voto

el lirio, que ser ostenta

símbolo suyo, no es

el nombre con que la premia?

Y si el azucena es

símbolo de la pureza

y Isabel se la consagra

también desde su edad tierna,

¿por qué de azucena el nombre

no la ilustra en consecuencia

de que el nombre y la virtud

en un sujeto convengan?

Y, en fin, ¿por qué

ha de ser rosa el blasón

que la engrandezca,

si la rosa solo es

símbolo de la vergüenza?[5]

Verdaderamente era inusitado que el nombre de una flor sirviera para llamar a una santa y la tradición católica había asignado distintas significaciones a las flores en virtud a su color, forma y características. Las flores blancas eran más apropiadas para simbolizar la pureza y la virtud. Pero la respuesta a este fingido desafío poético que ofrece el propio Calderón es firme y decidida:

Azucena y lirio, aunque

son hermosas flores bellas,

que de pureza y amor

uno y otro lustre ostentan,

son flores mal defendidas

a quien a tocarlas llega,

pues una y otra no tienen

espinas que las defiendan.

La púrpura de la rosa

dice Majestad y en muestra

de ser la reina del prado,

armadas archas la cercan.

Luego el ser Isabel rosa

de varias espinas llena,

sobre pureza y amor

dice áspera penitencia.

Amor, que no es más que amor,

sin pasar a más fineza;

castidad, que con quedarse

castidad vive contenta,

virtudes son, pero no

virtudes más que en sí mesmas

mientras no las acompañan

fervores, ansias y penas.

Demás, que a ninguna flor

le da patria que no sea

común a todas las flores

en valles, montes y selvas,

sino a la rosa, pues cuando

en María se interpreta,

la Rosa de Jericó

la canta a voces la Iglesia.

Con que no sin privilegio

quiso que por compañera

la Rosa de Jericó

la Rosa del Perú tenga.

Décadas más tarde, Pedro de Peralta Barnuevo Rocha y Benavides (1663-1743), en Lima fundada o conquista del Perú (1732), dedica una octava, la número 50, a la celebración que preparó la ciudad de Lima, por especial deseo del virrey Fernández de Castro, conde de Lemos, cuando fueron elevados a los altares, en abril de 1671, la santa limeña y el santo jesuita san Francisco de Borja, en el más puro estilo culterano. El cielo le dará un premio por haber dispuesto un festejo tan glorioso que permite contemplar:

cuanto la tierra puede dar luciente,

cuanto puede ver Lima más gozosa.

Efectivamente, don Pedro Fernández de Castro, conde de Lemos y décimo noveno virrey del Perú, celebró con toda solemnidad la beatificación de Santa Rosa, en abril de 1669, en unas fiestas que dejó registradas Diego de León Pinelo: la bula de beatificación fue conducida bajo palio del templo de Santo Domingo a la Catedral con más de 600 religiosos. Se descorrió el velo que cubrí la imagen de la Santa, ricamente vestida y rodeada de flores sobre ricas andas de plata labrada. Hubo celebraciones litúrgicas, procesiones, se levantaron altares, hubo juego de cañas y se corrieron toros. Y se declamaron poemas en honor a la santa.[6]

El 12 de abril de 1671, Clemente X declara santa a Rosa de Santa María, y en Roma, Madrid y otras ciudades se repitieron las festivas aclamaciones. Por un prodigio milagroso la noticia llegó a Lima en la asombrosa celeridad de apenas 95 días. En agosto se celebraron las santificaciones, según dice Odriozola, “con la más magnífica pompa de que parece puede ser capaz la tierra”. Y ese mismo año se publicó la relación de las fiestas. Hubo comparsas a caballo, procesiones, carros y arcos triunfales, y en las calles también se colocaron suntuosos altares con adornos, colgaduras y valiosas alhajas, se organizaron juegos de cañas y fiestas de toros, todo coronado con los octavarios que se solemnizaron en los templos de Santo Domingo y de la Compañía de Jesús “ilustrados de la mayor riqueza a que se añadió el ingenioso aplauso de un certamen poético con singulares premios”.[7]

Fray Juan Meléndez, regente mayor del insigne colegio de Santo Tomás, estuvo a cargo de la relación de los festejos. La reprodujo el padre Rubén Vargas Ugarte y ahora está disponible en internet, aunque tampoco se ha realizado hasta ahora una edición filológica o un estudio detallado de este otro interesante documento.[8]

Son los poemas sobre los ocho asuntos y en diversos metros y estilos del certamen poético organizado en esa celebración, que se recitaron en la tarde de vísperas en el mismo convento dominico. Los premios eran pequeñas alhajas de plata: saleros, reveseros y otros objetos de hasta cuatro o cinco escudos de valor en plata labrada y otros objetos menores, como tembladeras o medias de Toledo. Hubo canciones, octavas, sonetos, dísticos, romances y décimas, un metro distinto para cada uno de los asuntos requeridos por los organizadores del certamen.

Entre todas las composiciones tal vez haya que preferir los villancicos, pues facilitaban la musicalidad de las composiciones y las hacía propicias para los festejos religiosos, como aquel tan grandioso que se celebró en Santo Domingo El Real en Madrid en 1668. Calderón establece en su villancico un juego de significaciones con los nombres de las flores pero no hay nada escrito al azar. La argumentación es perfectamente sólida, porque las razones culminan con una alusión fundamental, que es –señala la profesora Lobato–, la referencia al libro bíblico del Eclesiástico en el que se llama a María Rosa de Jericó, “con lo que el cambio de nombre de Isabel que pareció accidental cuando recibió el sacramento de la Confirmación tuvo carácter premonitorio de su futuro mariano y santo como Rosa del Perú y patrona de América”.[9]

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[1] Juan Pérez de Guzmán, La rosa; manojo de la poesía castellana formado con las mejores producciones líricas consagradas á la reina de las flores durante los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX. Madrid, Imprenta de M. Tello, 1891-1892 p. 426-427.

[2] Se conserva un volumen impreso sin noticia de fecha ni de editor. La otra edición temprana que tuvo la comedia apareció en el volumen Parte treinta y seis, Comedias escritas por los mejores ingenios de España, en Madrid, por José Fernández de Buendía, 1671. Ver ahora la edición de la comedia preparada por Miguel Zugasti, en Agustín Moreto, Segunda parte de comedias, V. No puede ser. Santa Rosa del Perú. La fuerza del natural. Kassel, Reichenberger, 2016.

[3] Ver Miguel Zugasti, “Santa Rosa de Lima, una santa del pueblo con sus fiestas y comedias para el pueblo”, en José María Díez Borque (dir.), María Soledad Arredondo Sirodey, A. Martínez Pareira y Gerardo Fernández San Emeterio (eds.), Teatro español de los Siglos de Oro: dramaturgos, textos, escenarios, fiestas. Madrid, Visor, 2013, pp. 117-151.

[4] Ver Miguel Zugasti “Cuatro villancicos de Agustín Moreto a la beatificación de Rosa de Lima”, en E-Humanista. Journal of Iberian Studies. Santa Barbara, California, 23, 2013: http://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/volume_23/moreto/14%20ehumanista23.moreto.zugasti.pdf%5D.

[5] Ver María Luisa Lobato, “Villancicos de Calderón de la Barca para la beatificación de Rosa de Santa María (1668).” Golden-Age Essays in Honour of Don W. Cruickshank. Monográfico del Bulletin of Spanish Studies 90 (2013): pp. 735-749. El texto citado está en p. 741.

[6] Diego de León Pinelo, Celebridad y fiestas, con que la ciudad de los Reyes, solemnizó la Beatificación de la bienaventurada Rosa de S. Maria, su patrona y de todos los Reynos, y Provincias del Perú. Lima, 1670. Ver Rubén Vargas Ugarte, La flor de Lima. Santa Rosa, pp. 122-127.

[7] Colección de Documentos Literarios del Peru, colectados y arreglados por el Coronel de Caballería de Ejercito Manuel de Odriozola. Lima, Establecimiento de tipografía y encuadernación de Aurelio Alfaro, 1863, Tomo I, p. 147.

[8] El título completo es: Festiva pompa, culto religioso, veneracion reuerente, fiesta, aclamacion, y aplauso. A la feliz beatificacion de la bienauenturada virgen Rosa de S. Maria. Tercera del Orden de Predicadores. Segunda Catalina Senense de la Iglesia. Primera fragrante flor, y fruto opimo [sic] desta plaga meridional. Tesoro escondido en el campo fertil desta muy noble, y muy leal Ciudad de Lima. Descubierto por N.B.P. Clemente Nono. Patrona tutelar vniuersal de su dichosa patria, y dilatados Reynos del Peru. En este Conuento del SS. Rosario de la misma orden. En Lima, Año de 1671.

[9] “Villancicos…”, p. 749.

José de San Martín. Héroe de la independencia, libertador de Chile y Perú

Por José Manuel Huidobro Moya, Miembro del Instituto de Estudios Históricos Bances y Valdés, del Ateneo de Ilugo, y de la Academia de Letras y Artes de Portugal.

Sus campañas militares cambiaron el signo de la historia americana durante el proceso de descolonización a principios del siglo XIX, tras las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812. A su estrategia se deben los planteamientos militares que llevarían a la independencia de Chile y de Perú, centro neurálgico del poderío español cuya caída conduciría a la de todo el continente. 

El artículo 1° de la Constitución de 1812 señala que “La nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios”. Con este enunciado se comenzaba a modificar radicalmente el entramado institucional del imperio americano, al situar en pie de igualdad a la metrópoli y sus colonias.

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General José de San Martín

José Francisco de San Martín y Matorras nació, posiblemente, en 1777 (En la carta al mariscal Castilla del 11 de septiembre de 1848 se refiere a sus setenta y un años. Algunas fuentes indican que fue el 25 de febrero de 1778, ya que en su acta de defunción figura que tenía setenta y dos años, cinco meses y veintitrés días, mientras que otras la fijan en uno, dos y hasta tres años mas tarde), en la aldea jesuita de Yapeyú, hoy provincia de Corrientes (Argentina), hijo benjamín de Juan de San Martín y Gómez (1728), un hidalgo palentino de clase media, que tras largos años de carrera militar llegó a ostentar el cargo teniente gobernador de Corrientes, y de Gregoria Matorras del Ser (1738), prima hermana del gobernador y capitán general del Tucumán y explorador del Chaco Jerónimo Matorras, con la que contrajo matrimonio por poderes el 1 de octubre de 1770. En 1784 pasó con su familia a España (Málaga) y en 1787 ingresó en el Seminario de Nobles de Madrid (…para entrar era necesario «constar ser hijosdalgo notorios según las leyes de Castilla, limpios de sangre y de oficios mecánicos por ambas líneas»…), donde estudió retórica, matemáticas, geografía, ciencias naturales, francés, latín, dibujo y esgrima.

Dos años después pidió y obtuvo el ingreso como cadete en el Regimiento de Murcia. Fue éste el origen de una brillante y vertiginosa carrera militar que tendría su bautismo de fuego en el sitio de Orán (1791) y en la campaña de Melilla. Más tarde intervino en las guerras del Rosellón (1793) y de las Naranjas (1801), mereciendo sucesivos ascensospor su actuación; alcanzando el grado de capitán de infantería en el regimiento de voluntarios de Campo Mayor en 1803. Cuando la invasión napoleónica dio lugar a la Guerra de la Independencia (1808-1814), con Fernando VII en el exilio, su arrojo contra los franceses en la batalla de Bailén (19 de julio de 1808) le valdría ser nombrado teniente coronel de caballería y fue condecorado con la medalla de oro.

Tras esta fulgurante carrera en el ejército, y poco después de estallar la revolución emancipadora en América, San Martín se propuso contribuir a la libertad de su “patria”, traicionando a la Corona española y apoyado por la política del Reino Unido. Inició así una nueva etapa de su vida que lo convertiría, junto con Simón Bolívar, en una de las personalidades más destacadas de la guerra de emancipación americana. En Cádiz conoce a algunos militares de América del Sur y se enrola en las logias qeu defendían la indepencia; solicita la baja en el ejército español y marcha a Londres (1811)*, donde estuvo maquinando un plan para la independencia de las colonias, y desde allí se embarcó, junto a otros oficiales, tales como Carlos María de Alvear, y Martiniano Chilavert, en la fragata George Canning hacia Buenos Aires, a donde llegó el 9 de marzo de 1812. Confiaba en que su experiencia militar le permitiese rendir excelentes servicios al ideal que animaba a su país, pero a causa de sus veintidós años de servicio en el ejército realista no fue recibido con entusiasmo por los dirigentes; pero, ante la debilidad militar del movimiento patriota, la Junta gubernativa (Triunvirato) le confirmó en su rango de teniente coronel de caballería y le encomendó la creación del Regimiento de Granaderos a Caballo, al frente del cual obtuvo la victoria en el combate de San Lorenzo (3 de febrero de 1813).

En 1804, Napoleón Bonaparte, emperador de Francia, domina toda Europa y cierra los puertos del continente europeo al tráfico comercial con Gran Bretaña. A raíz de esto la industria y el comercio exterior británico cae en una paralización que lo lleva inexorablemente a la quiebra. William Pitt, Primer Ministro de Gran Bretaña, reinando Jorge IV, le encomienda al general escoces Thomas Maitland la elaboración de un plan para capturar Buenos Aires y Chile y luego emancipar Perú y Quito. El plan consistía en lo siguiente: 

Asaltar Buenos Aires. Formar un ejército con hijos de españoles, mestizos, autóctonos o indios y negros esclavos. Que ese ejército formado en Buenos Aires acampe en Mendoza y se refuerce con personas de la misma etnia que las nombradas. Con este ejército asaltar Chile. Dominado Chile, con la flota británica, transportar ese ejército para la toma de Perú, y de Guayaquil (Audiencia de Quito) hoy Ecuador.

* El Plan Maitland, que permaneció oculto durante 184 años en archivos británicos, es el plan operativo de 1800 para desarrollar el plan estratégico de 1811.San Martín habría conocido ese plan durante su estancia en Inglaterra, y  decidió ponerlo en práctica.

El mismo año de su llegada había conocido en una tertulia política a la que sería su esposa, doña María de los Remedios Escalada de la Quintana, de 14 años, perteneciente a una distinguida familia del país, con quien contrajo matrimonio en septiembre, en la catedral de Buenos Aires. Crea la logia Lautaro, cuyo objetivo era liberar América del Sur y, en octubre de 1812, los miembros de la logia encabezan un movimiento que tiene por objeto remover algunos miembros del Primer Triunvirato. Entonces, pacíficamente, el Cabildo nombra al Segundo Triunvirato, quienes, al poco tiempo, llaman a una asamblea de delegados de las provincias con el fin de dictar una constitución.

En 1813 renunció a la jefatura del Ejército de Buenos Aires, y en 1814 aceptó sustituir a Manuel Belgrano al frente del Ejército del Alto Perú, maltrecho por sus derrotas.

José de San Martín pensaba que todos los esfuerzos debían orientarse hacia la liberación de Perú, principal bastión realista en América. Bloqueada la ruta por tierra del Alto Perú (la actual Bolivia), empezó a madurar su plan de conquista de Perú desde Chile; con este objetivo obtuvo la gobernación de Cuyo, lo que le permitió establecerse en Mendoza (1814) y preparar desde allí su ofensiva.

San Martín decidió apoyarse en Bernardo O’Higgins, que había puesto en marcha una intentona independentista en Chile, con quien preparó el plan de invasión. En Mendoza, durante tres años (1814-1817), organizó el ejército con la ayuda de la población de los Andes e inició la gran campaña que habría de dar un giro nuevo a la guerra, en el momento más difícil para la causa americana, cuando la insurrección estaba vencida en todas partes con excepción de Argentina. Su objetivo era invadir Chile cruzando la cordillera de los Andes, y su realización, en sólo veinticuatro días, constituiría una gran hazaña militar.

En enero de 1817 comienza el cruce del ejército, de unos 4.000 hombres, la caballería, la artillería de campaña y las provisiones para un mes, divididos en dos columnas por el paso de Los Patos y por el de Uspallata, y se encontraron en Santa Rosa de los Andes.

Superadas las cumbres andinas, el 12 de febrero de 1817 derrotó al ejército realista al mando del general Marcó del Pont en la batalla de Chacabuco, y el 14 entró en Santiago de Chile. La Asamblea constituida proclamó la independencia del país y le nombró director supremo, cargo que declinó en favor de O’Higgins.

La ocupación de Guayaquil, ciudad reivindicada por Perú, fue el motivo inmediato de una entrevista con Simón Bolívar(26 de julio de 1822), en la que se trató el futuro del continente, lo que debió de desalentar a San Martín, pues tras regresar a Lima, y ante la creciente oposición peruana a su política, convocó el Congreso y presentó la renuncia a su cargo de Protector (20 de septiembre de 1822), dos años antes de que la victoria de Ayacucho pusiera fin definitivamente a la dominación española en Perú y en todo el continente.Tras la toma Lima, San Martín embarcó el tesoro de la Real Hacienda en la Flota del Vicealmirante inglés Lord Thomas Alexander Cochrane, que se hace inmediatamente a la vela a Londres. Ese tesoro era el más grande de todo el continente de América del Sur. A partir de este momento, los esfuerzos de San Martín se centraron en la organización de la gran escuadra que había de transportar a las tropas libertadoras a Perú. Finalizados los preparativos, la escuadra zarpó de Valparaíso (Chile) el 20 de agosto de 1820, con 24 buques  transportando un ejército de 4.800 hombres, y fondeó frente al puerto de Pisco (Perú) el 12 de septiembre. San Martín intentó negociar con el virrey Pezuela, y luego con su sucesor, José de la Serna, con el que se entrevistó el 2 de junio de 1821: el libertador expuso allí su oferta de un arreglo pacífico, que incluía la independencia de Perú y la implantación de un régimen monárquico con un rey español, ofreciendo a La Serna la regencia interina. Fracasadas las negociaciones, San Martín ocupó Lima y proclamó solemnemente la independencia (28 de julio de 1821), pese a que el ejército realista aún controlaba gran parte del territorio virreinal.

Proclamación de la Independencia del Perú.jpg

Proclamación de la Independencia del Perú

Nombrado Protector de Perú, mientras enviados suyos gestionaban en las Cortes europeas el establecimiento de una monarquía, la incertidumbre de su situación militar contrastaba con la consolidación de Simón Bolívar en la Gran Colombia y la total liberación de Quito tras la Batalla de Pichincha.

San Martín había decidido retirarse; consideraba cumplido su deber de liberar a los pueblos y no quiso participar en las luchas intestinas por el poder. En octubre de 1822 llegó a Chile; en verano de 1823 cruzó los Andes y pasó a Mendoza con la idea de establecerse allí, apartado de la vida pública. Pero las muchas críticas adversas que le atribuían aspiraciones de mando y el fallecimiento de su esposa lo determinaron a partir en febrero de 1824 rumbo a Europa, acompañado por su hija única Mercedes.

Residió un tiempo en Gran Bretaña (se dice que fue masón. La masonería era tanto un servicio de inteligencia como un partido político de la época que representaba a la ideología liberal y a la defensa de la Revolución Francesa) y de allí se trasladó a Bruselas, donde vivió modestamente. En 1829 embarcó hacia Buenos Aires, donde se encontró con la revolución del general Juan Lavalle, y tras una breve estancia en Montevideo, regresó a Europa, residiendo en París a partir de 1831.

José de San Martín fechó su testamento ológrafo en París, el 23 de enero de 1844, dejando como única heredera a su hija Mercedes, casada con Mariano Balcarce que ejercía como embajador argentino en París.

En 1848 se instaló en su definitiva residencia de Boulogne-sur-Mer (Francia), donde moriría, achacoso, postergado y casi ciego por tener cataratas, en agosto de 1850. Sus restos mortales fueron repatriados a Buenos Aires en 1880.

“Maitland & San Martín” es un interesante libro de Rodolfo Terragno, que se refiere al plan secreto concebido a principios de 1800 por el militar escocés Thomas Maitland,  que consistía en “ganar el control de Buenos Aires”, “tomar posiciones en Mendoza”, “coordinar acciones con un ejercito en Chile”, “cruzar los Andes”, “derrotar a los españoles y controlar Chile”,“continuar por mar a Perú” y “emancipar Perú”. No hace falta aclarar que ese plan concebido por Maitland fue el ejecutado en la práctica, poco años después,  por José de San Martín.

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