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UNA TARDE EN EL JARDÍN BOTÁNICO DE SAN FERNANDO EN LIMA, UNA HISTORIA DE ABANDONO

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Desde hace ya muchos años vengo a dar clases a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos; es una actividad que me honra porque me imagino que de alguna forma, es la continuidad de mis predecesores Hipólito Ruiz, José Pavón y Juan José Tafalla. Soy botánico y por ello me interesa esta ciencia en todos sus aspectos y cómo no, también en el histórico. Mi esposa, también botánica, me acompaña en investigaciones, clases y visitas, y aunque es peruana, no deja de criticar y entristecerse por lo que ven sus ojos sobre su país, que muchas veces no corresponde con el ambiente culto y refinado que debería ofrecer en el siglo XXI.

En esta ocasión, nuestro amigo, casi de la adolescencia, José Campos de la Cruz, excelente conocedor de la flora del Perú, concertó una cita el viernes 10 de agosto de 2012 con una autoridad de la Facultad de Farmacia de la mencionada Universidad relacionada con la Botánica, con el jardín botánico y con las colecciones de antiguos botánicos que se “conservan” en esa Facultad. La cita nunca se produjo, lo cual era una premonición de lo que estaba ocurriendo adentro.

Entramos en la Facultad de Farmacia que limita con el Jardín Botánico de Lima. Me llamó la atención el busto polvoriento de Augusto Weberbauer, quien inicia los estudios de la vegetación peruana en el siglo XX; junto a él estaba la puerta de acceso al “Gabinete de Atención Farmacéutica”. Pedí permiso para entrar a ver las colecciones de aparatos de Farmacia y antiguos medicamentos que ahí se encontraban. Mi impresión no puede ser más negativa, tal vez por el hecho de ser yo también farmacéutico: piezas rotas, desordenadas y con una buena capa de polvo que las hacía difícilmente reconocibles. Al entrar al jardín botánico recibimos la intervención de alguien que se hacía llamar “jefe de vigilancia” que intentó discriminar, con agresividad y educación impropias dentro del recinto de una universidad, quién de nosotros era sanmarquino y quién no. La cuestión es que mi esposa hizo algunas fotos del jardín y él no quería que nadie supiese de las talas incontroladas y podas con falta de técnica que estaban sucediendo en gran parte de los árboles centenarios del jardín. Como esta persona dijo, “podríamos ser terroristas”. Los árboles se están talando porque se caen debido al riego desmedido que sufren por parte de jardineros faltos de especialización. Las raíces se pudren y las maderas caídas, ¿acabarán rellenando algo más los bolsillos de quienes puedan venderlas?…alguien nos apuntó que algo así sucedía.

El fondo de todo ello es la escasa dimensión y conciencia históricas de la sociedad peruana. Pues bien, este jardín botánico adherido, por no decir invadido, por la Facultad de Farmacia, es el más antiguo del Continente Americano. Fue fundado el 18 de marzo de 1787 por Juan José Tafalla Navascués (Corella, Navarra, España, farmacéutico e hijo de farmacéuticos), que formó parte de la expedición de Hipólito Ruiz y José Pavón enviada al Perú y Chile por el rey Carlos III, y que fue el primer catedrático de Botánica de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. La Botánica y la Farmacia en San Marcos está claro que llegaron a ser mucho más prestigiosas que hoy día, pues Tafalla logró realizar el primer estudio sobre las plantas de la República de Ecuador, viajó con Humboldt y Bonpland, exploró los bosques de Huánuco con Tadeo Haencke y Luis Neé de la expedición Malaspina, y también las lomas de Camaná (Arequipa).

Sin embargo, Tafalla, su jardín botánico y su obra para el Perú están enterrados en el abandono y el olvido, y los árboles centenarios de la época virreinal talados sin sentido por una administración negligente en grado máximo y cuya sensibilidad cultural brilla por su ausencia.

Tras Tafalla, la dirección del jardín botánico pasa por varias figuras, algunas de ellas destacadas en el ámbito científico peruano: Evaristo de los Ríos, Antonio Raimondi, Augusto Weberbauer y Ramón Ferreyra. Entre 1932 y 1942 sufre su primera década de abandono, hasta que en este último año el rector Godofredo García junto con el Decano de la Facultad de Medicina intentan restaurarlo con la asesoría de Thomas Goodspeed, Augusto Weberbauer y Félix Woytkowsky. Tras la dirección de Ramón Ferreyra sufre 36 años de abandono hasta que en 1996 el Dr. José Gómez Carrión toma la dirección de los jardines de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

A nuestro paseo se unió el Dr. Gómez Carrión, quien ha dedicado 50 años a San Marcos, y que nos fue indicando los árboles más importantes del jardín, los que estaban y los que ya habían sido eliminados y sumidos en el olvido. Siempre recordaré la imagen de un algarrobo español impresionante que vi hace años y del cual ya no queda más que su base arrancada, que debió ser con una crueldad inconmensurable. José nos contó cómo se habían retirado del jardín unas 200 toneladas de basura y sacrificado 1700 ratas (¿cómo es posible imaginar esto al lado de la Facultad de Farmacia, alma de la profesión representada por la diosa griega Higea?), mientras visitábamos los entristecidos invernaderos donde había experimentado el tan conocido Antonio Raimondi, cómo construyó las jardineras, conservó las instalaciones de acequias de la época virreinal renovando el sistema de riego, trajo plantas de diferentes lugares del Perú e intentó difundir la riqueza del jardín en Lima para el disfrute de los ciudadanos. Evidentemente, la gestión actual de la universidad ha preferido revelar del cargo su brillantez, su sensibilidad, su amor por la Naturaleza y su entrega por algún motivo político de la mano de un superficial pragmatismo económico. No es extraño, pues hace apenas 2 años San Marcos intentó cercenar una parte del Museo de Historia Natural, pasando por alto sus espacios y sus colecciones.

Sirva este artículo para denunciar la barbarie de la incultura que planea sobre la universidad más antigua de las Américas, y pedir el mantenimiento de su patrimonio histórico; que cuando lleguemos al Perú podamos ver a los peruanos como auténticos patriotas que luchan en beneficio de su país y no como destructores de su propia historia. Un árbol también es un monumento, también es historia, y los jardines botánicos están para dar a conocer la Naturaleza, evitar la pérdida de la biodiversidad, y ser un pulmón de bienestar en el interior de una ciudad.

Se hizo de noche; confieso mi indignación. Tampoco pudimos tomar con libertad un taxi; es un barrio tan contaminado por los humos como por la miseria humana. No me atrevo a decirlo porque no soy de este país y mi esposa tampoco vive en él; pero ¿tendrá que ver en ello la Municipalidad o el Estado, o la negligencia de todos? Lo cierto es que siempre oigo a los turistas decir que lo último del Perú que quieren visitar es Lima por su contaminación, su inseguridad, y por alguna que otra tonelada más de basura. Pero ahí lo tienen, nuestros amigos José Gómez Carrión y José Campos de la Cruz, apuestan porque esto no sea así y San Marcos debería empezar por ayudar a Lima a ser más culta y a replantearse su forma de actuar sobre sus áreas verdes y en especial sobre el histórico Jardín Botánico de San Fernando de Lima.

 

Antonio Galán de Mera

Botánico, Doctor en Farmacia

Profesor Honorario de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos

15 de agosto de 2012

 Eliana Linares Perea

Botánica, Bióloga

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1 comentario

  1. sergio dice:

    Es lamentable y seguramente cierto lo que escribes ,pero también se debería de darle la importancia debida a cultivar las plantas de a región específica .A esa zona le corresponderían las plantas entre el valle del Rimac y las lomas.

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