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El fin y los medios

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Por Edistio Cámere

Por estos días circula en algunas emisoras, casi como un slogan publicitario, una frase tan ingeniosa que empequeñece mis recursos creativos para tentar una certera calificación. Tan solo puedo llegar a adjetivos tales como: Cáustica, maquiavélica, ingenua, despectiva… y, aún así pienso que no he acertado. La frase en cuestión -no me cabe ninguna duda de su origen municipal- reza: “Las molestias pasan, las obras permanecen”.

  Forma y fondo no se condicen. Es una frase corta, efectista y fácil de recordar. Sin embargo el contenido que comunica no es tan feliz. Inquieta y preocupa porque reporta una filosofía y un estilo de gobierno por lo menos embozado.

Entre “Las molestias pasan, las obras permanecen” y “El fin justifica los medios” descubro lazos consanguíneos peligrosamente cercanos. Si bien no me atrevo a poner en duda la buena intención de la primera frase, más que malicia el móvil puede ser ineficiencia, que puede tener una explicación; pero, en cambio, la malicia ni siquiera se justifica. 

Si las obras son el fin, poco importará el modo como se realicen. Menos aún su oportunidad, utilidad, el monto de inversión y el plazo para su culminación. Si lo que se subraya es la obra, ¿no habría que inquietarse por las incomodidades, perjuicios y malestares que padecerán los vecinos?  Creo que no basta con colocar carteles: “Gracias por dejarnos trabajar” o “Disculpe las molestias” para esconder el poco respeto que se le guarda a los ciudadanos.   

“Las molestias pasan, las obras permanecen” es una frase que da pie a diversas interpretaciones adicionales. ¿Qué se puede pensar cuando en el último año de gestión, que coincide con el tiempo de elecciones, no pocos distritos limeños son zarandeados por hombres y máquinas trabajando? ¿Falta de planificación?

Tal vez será que aún quienes detentan el poder -conferido democráticamente- no entienden que están para servir a sus vecinos y no servirse para la concreción de su propia agenda. Si importan poco o casi nada las molestias, pues añadir una más es parte del estilo. Y esto puede ser el origen de la variedad de tributos, tasas e impuestos que se orientan a recaudar para el fin, que son las obras.  No defiendo ni patrocino su exterminio porque son necesarios; simplemente cuestiono, en no pocos casos, su consistencia técnica y su lógica vecinal.

A propósito, cuando las necesidades económicas imperan, traigo a colación una muestra. Unas semanas atrás, en Arequipa, camino al aeropuerto por la Av. Del Ejército -un domingo a la una de la tarde-, el andar de los automóviles era muy lento. Al principio pensé que era causado por algún accidente. El conductor del taxi permanecía sereno. Daba la impresión que aquello era lo ordinario. La impaciencia trascendió mi espacio vital, de tal modo que el buen hombre apuntó: “Lo que usted observa se ha hecho habitual, desde que en esta avenida se construyó un centro comercial”. Se cogió la barbilla y, en tono nostálgico, añadió: “Arequipa ha cambiado mucho”.

A pocos metros encontré la respuesta. Resulta que para allegarse al mencionado centro había que girar en ciento ochenta grados para tomar la avenida en sentido contrario; hacerlo no era tarea fácil pues no eran pocos los automóviles que regresaban a la ciudad. La oportunidad había que aprovecharla a la menor distracción de un conductor mientras tanto detrás una larga cola de vehículos hacían sonar desesperadamente sus bocinas: mucho ruido pero lento el andar.

El bien particular pudo más que el bien común. Una vez más el municipio privilegió las obras y, de paso, sus arcas. Un centro comercial de esa magnitud tiene la fuerza y el atractivo necesarios para convocar consumidores, independientemente de su ubicación, sin afectar a los vecinos.

Ciertamente, todos queremos que las ciudades se desarrollen y se modernicen. Juntamente con ello, los vecinos reclaman respeto y consideración. Las obras son los medios para que las personas -los fines- vivan en una ciudad con sentido común, tranquilidad y sosiego. Cuando los fines están claramente definidos, los medios están a su servicio y el progreso asegurado. 


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