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La calle: vía de encuentros y desencuentros

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Por Edistio Cámere

“Estar en la calle” es una expresión de uso común que significa no saber o no tener idea acerca de un tema o situación. “Me voy a la calle” es un modo corriente que se utiliza para manifestar que uno se retira de un recinto. “¡Me largo a la calle!”, por su parte, se usa cuando un problema casero llega a su clímax. Fulano de tal ¿dónde está? –“En la calle”, se refiere a no saber dónde está o no querer informar puntualmente en qué lugar está una persona.

Como vemos, la ‘calle’ abriga una serie de significados que coinciden en que es un lugar abierto cuyo uso es común pero que a nadie le pertenece. Es el espacio que se extiende nada más trasponer el umbral de la puerta del domicilio. 

Podemos afirmar que la calle es ocupada transitoriamente; conforme aparece la luz del día y con el paso de las horas se va poblando, y queda solitaria cuando el sol se recoge y la penumbra cubre el cielo. Se utiliza también para desplazarnos hacia lugares determinados, distantes o cercanos. No es frecuente que se use como destino final, aún cuando tenga habitantes consuetudinarios.

La nota fundamental de la calle es el movimiento, el ajetreo, el ir y venir, la prisa por llegar, en donde asoman a veces rasgos de agresividad. Pero aún así, constituye parte importante en la biografía de los ciudadanos.

También vemos que la calle es opuesta, por naturaleza, a la estancia en el hogar. A la casa se vuelve para ser acogido por los seres queridos, intercambiar subjetividades y para reparar fuerzas; por la calle simplemente se pasa, se transita metidos quizá en las propias preocupaciones y atentos para evitar que los otros -al chocar- puedan invadir nuestro espacio vital.

Al circular, lo impersonal o lo agreste, y a veces hostil, que representa la calle puede tornarse amigable y placentero cuando la mirada -que mira sin mirar- distingue una cara conocida o una sonrisa; entonces, la calle constituye también un lugar de encuentros, sean estos fortuitos o buscados.

Nadie duda que la calle es un espacio por donde circula todo un espectro de reacciones humanas. Un gran número mantiene una cordialidad a medio aparecer que se expresa a través de la comprensión ante un hecho incómodo. Algunos dan respuesta ante la pregunta de un ocasional interlocutor en busca de un dato o dirección. Los hay quienes drenan su fastidio, cólera o desconfianza sin que medie un estímulo proporcional. Otros no se hacen cargo de que la calle es de uso común y en tal virtud solamente tienen en mente ‘sus’ derechos sin importar lo que suceda con los demás. No pocos suponen que el transeúnte es un medio para medrar a su costa pero no con maneras legítimas y correctas sino a través de la apropiación de sus bienes ante un descuido.

No nos equivocamos, entonces, si decimos que la calle es un mosaico de individualidades donde si no existe un mínimo de normas sociales de convivencia -y prima la ley del más fuerte o del más descarado- se atenta contra la sana coexistencia. Si a la calle se le piensa como fin individualista y no como un bien que es utilizado por muchos, entonces se le seguirá viendo como la trastienda de cada usuario.

Es preciso que la gente, y en especial los municipios, tomen conciencia de que la calle es parte importante de sus ciudadanos. Por tanto, hay que preocuparse por hacerla más amigable y hacer campañas para que se le respete. No es un asunto solo de economía; es, sobre todo, de principios, de valorar a cada persona como tal.

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1 comentario

  1. Alexis Rolando Arévalo Vergara dice:

    Estimado Edistio:

    Te felicito, tu artículo es muy intersante; ya que tratas sobre un tema muy cercano a los limeños, en especial me llamó la atención el relacionado a las personas que solo se preocupan por “‘sus’ derechos sin importar lo que suceda con los demás”, como tu mismo señalas. Da lástima que muchas personas viendo actitudes negativas (Ej. jóvenes pintando paredes, peatón que cruza la calle sin respetar las normas, personas que tiran papeles, envoltorios en la calle pudiendo hacerlo en un contenedor, etc.) no dicen nada. ¿Para qué decir algo? ¿Acaso afecta a mis derechos? Pensar así, ciertamente demuestra falta de civismo, valores y respeto por nuestra ciudad. Debemos corregir esta situación de indiferencia e buscar mejorar día a día, no solo por el bien de Lima sino también por el nuestro.

    Saludos,

    Alexis Rolando Arévalo Vergara

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