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Comercio informal: la razón de este fenómeno

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ambulantes 4bpPor Edistio Cámere

La primera pregunta que surge es el por qué del éxito de los ambulantes.  Su incremento ha sido vertiginoso.  Además de la consabida y fundamentada explicación – la “falta de trabajo”-, podría aventurarse otra: “Hay vendedores ambulantes porque hay compradores ambulantes”, esto es, compradores que “consumen” al paso.

La diferencia de precios entre el comercio formal y el informal no siempre es significativa.  La calidad de los bienes ofertados no ofrecen las garantías del caso.  Los riesgos son muchos, no obstante el dinamismo del intercambio se mantiene constante.  

El “ambulante” suele colocarse en lugares de flujo y de densa concentración de personas.  En esta ubicación – con la mercadería a la vista y el refuerzo de la frase feliz- hacen coincidir el deseo, que luego se convierte en demanda, con la oferta.

El consumidor, sin el mayor esfuerzo, consigue el bien deseado.  La diversidad de productos concentrados en espacios cortos opera como mecanismo asociativo, mediante el cual el potencial comprador adquiere “justo lo que necesitaba”.   Factor importante también es el trato directo.  El “uno a uno” que permite y favorece el diálogo con miras a obtener ventajas económicas.  En definitiva, se trata con el “dueño”.   Durante ese momento de comunicación, aquel publicita a “una” persona un determinado producto dirigiendo de modo “cordial” sus deseos de compra.  No es el trato frío e impersonal de algunos establecimientos comerciales. Lo formal de un establecimiento no sólo radica en su aspecto jurídico sino también en el hecho de que a sus clientes se les exige una cierta conducta “formal”.

La ubicación estratégica de los “ambulantes” ahorra el esfuerzo de decidir la prioridad en las compras.  En honor a la verdad el “comprar al paso” tiene la ventaja de la economía del tiempo.  Lo que se pensaba comprar en otro momento, se hace de inmediato, quedando, por consiguiente, tiempo para utilizarlo en otros afanes. Las grandes distancias también abonan a favor del comercio ambulatorio. Si el caudal de usuarios del comercio ambulatorio está integrado por emigrantes y el contingente de vendedores también son emigrantes, es lógico suponer que los mecanismos de compra-venta contienen características propias de sus “modus operandi”.

Es evidente que en este tipo de intercambio se han filtrado usos del denominado comercio formal.  Pero han sido asimilados de tal manera, que fácilmente se puede cuestionar el real arraigo y fuerza no sólo de los sistemas de intercambio formales sino también del sistema estructural de base, que tiene Lima como ciudad.  Efectivamente, Lima no ha podido transferir sus normas y costumbres más bien los emigrantes han tomado lo necesario para instalarse y, desde dentro, han ido imponiendo sus propios mecanismos…, no estamos lejos de un provincialismo limeño. 

Una vez más el “hecho social” se ha impuesto a las leyes.  Estas tienen fuerza cuando coinciden con aquel.  El comercio ambulatorio no sólo es consecuencia de lo económico ni de lo legal, sino también de la estrecha relación establecida entre agentes económicos que poseen similares características culturales.  Sin compradores no habría vendedores ni viceversa.

La magnitud de los hechos debe conducir a erradicar, en primera instancia, la concepción mágico-poderosa asignada a las leyes.  Éstas “per se” no modifican, ni cambian los hechos.  Es necesario atender, observar la realidad para que, a partir de ella, se pueda encauzar y reordenar el hecho social.  Más del 50% de la población de Lima, es emigrante.  Este dato estadístico debe dar el peso y la medida para legislar, dado que involucra a personas que llevan consigo “sus circunstancias” y pugnan por ser citadinas, sin sacrificar en mucho su condición de provincianos. 

El problema es complejo.  Su solución es multidisciplinaria.  Requiere de realismo y creatividad para ofrecer alternativas para transitar por el camino de la “Peruanidad” alejados del populismo.

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3 comentarios

  1. Walter Brunke dice:

    Edistio:

    (“Una vez más el “hecho social” se ha impuesto a las leyes. Estas tienen fuerza cuando coinciden con aquel.”).

    (“La magnitud de los hechos debe conducir a erradicar, en primera instancia, la concepción mágico-poderosa asignada a las leyes. Éstas “per se” no modifican, ni cambian los hechos. Es necesario atender, observar la realidad para que, a partir de ella, se pueda encauzar y reordenar el hecho social.”).

    El Congreso de la República, compuesto por una Cámara de 120 representantes, es el principal legislador en el Perú. A su vez, las más de las veces se expiden las normas legales por iniciativa de los mismos congresistas o del Poder Ejecutivo. Si los partidos políticos no cumplen realmente la función de atender, observar, analizar y reflexionar en profundidad sobre los problemas, está claro que, salvo por azar o porque no existe otra alternativa, sólo achuntarán a los síntomas, pero no a las causas.

    Por ejemplo, algunos pretendieron, y -al ver que se fracasó en las medidas jurídicas concretas-, continúan pretendiendo solucionar la “crisis” de los partidos políticos en el Perú atendiendo sólo a los dictados de la concepción mágico-poderosa de las leyes que bien has señalado. Es decir, a la creencia del formalismo lógico jurídico como maravilla curativa de todos los males. Iguales tendencias se observan en cuanto a las propuestas para elevar el nivel cualitativo de los congresistas. O para la disminución de la corrupción. O para mejorar la atención de los servicios públicos que brindan las administraciones públicas, etc.

    Sobre estos desencuentros con lo razonable, cabría preguntarnos: ¿dónde está su origen? Mi hipótesis es que debemos bucear en descubrir cómo se “educó” a la mayoría de los políticos en los últimos 50 años. Especialmente, los tipos de “formación” universitaria que recibieron… (Lamentablemente, esto incluye no sólo al sector político, sino, también, al docente y así sucesivamente).

    Me impresionó la sinceridad del periodista Lúcar, en una entrevista con el Sr. Bayly, cuando confesó que había sido personero del Focep para la Constituyente del 78, etc., y que lentamente fue “evolucionando” porque cada vez tomaba más conciencia de que sólo sabían “denunciar”, pero que puestos a plantear alternativas eficaces ante los problemas, no daban pie con bola.

    Quizá la falta de “universalidad” nos hace a los peruanos proclives a caer y aceptar de buena fe los facilismos populistas, hasta que nos damos cuenta que son un fracaso… Pero, como ocurre a menudo, ¡demasiado tarde!, pues el tiempo perdido nunca es recuperable en sí.

  2. Alfonso dice:

    Todos los peruanos somos culpables de que el comercio informal aumente, no quise decir ‘prospere’ porque si prosperara le tocaría formalizarse y vemos que el comercio en Gamarra, por ejemplo, puede ser formal, pero siempre recurre como segunda puerta a la informalidad. vemos tiendas que venden también en algún pustito de ‘afuera’.
    Si bien es cierto la falta de trabajo ha llevado a algunos a lanzarse a correr con artículos en mano, estos no han terminado de entender que no tienen derecho a exigir un país viable, ordenado y no corrupto mientras que ellos no hagan lo posible por alinearse con la formalidad. No me parece justo que solo los que dicen ser más pobres sean quienes puedan saltarse la ley y quienes tienen un poco más de respeto por las normas sean los que más golpeados sean por los régimenes tributarios, de licencias, etc. Se castiga al que quiere cumplir y se disculpa al que no se aporta al orden del sistema social.
    También quienes compramos a los ambulantes somos culpables, es cierto, y somos los que hacemos que su negocio crezca, pero ya es hora que seamos también nosotros los que le exijamos al ambulante que nos de una boleta, etc. ¿no que las leyes son para todos? entonces, así como exigimos por derechos, también debemos cumplir nuestros deberes.

  3. el observador dice:

    Aquí en mi provincia en Tingo Maria,los vendedores informales, quieren tomar el control dirigencial del sector formal, debido a que estos están dormidos, la verdad esas cosas solo ocurren aquí en el Perú y es por culpa de las autoridades municipales que solo piensan en llenar sus arcas a como de lugar, quien sabe si de aqui a algún tiempo lo informal se convierta en formal, pero siempre existira como una cola de lagarto, que se corta y vuelve a crecer, mas y mas vendedores informal.

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