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Frases que No Pueden Pasar

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Si queremos sacar al Perú adelante

 Por Edistio Cámere

 rostro-perimista-y-optimista

Con frecuencia escuchamos en el común de la gente frases que aparentemente resumen hechos, acontecimientos y sentencias del diario vivir. Sutilmente estas palabras solo conllevan una falta de ánimo y un claro sentido de pesimismo que no suman en el esfuerzo que debemos buscar para hacer del nuestro un país fuerte y sostenido sobre la base del valor de su gente. A continuación algunas muestras:

 1. – “Necesitamos tecnología de punta y, por tanto, de la presencia de técnicos para salir del subdesarrollo”.

Caminando a mediodía por el centro de Lima, indefenso ante las innumerables ofertas de los vendedores ambulantes, esquivando a las ‘combis’ afanadas en conseguir el nuevo sol del pasajero que pretende ir al norte cuando ellas se dirigen al sur, mientras el conductor recibe la primicia por ‘su voluntad’ de que está atrasado y que  ‘a galope’ se asoma decidido el siguiente microbús… me pregunto si la ‘punta de la tecnología’ se puede asentar en nuestra ancha y sólida base socio-económica. O si es una manera de expresar -elegantemente- que lo nuestro es todavía un largo peregrinaje por el Tercer Mundo, porque no todos los sectores ni todas las personas pueden acceder y utilizar las bondades de la tecnología moderna.  

 

Lejos de  estigmatizar la tecnología para hacerla única responsable de nuestro desarrollo me parece un intento cruel de forzar la realidad.  Nuestra nación tiene un capital intensivo en mano de gente  joven que se ubica en zonas geográficamente difíciles y diferentes. Queramos o no, esa es nuestra principal riqueza y se tiene que aprovechar atendiendo sus reales características.  ¿No será que además de técnicos el Perú necesita expertos en gobierno de personas capaces de hacerlas eficientes y productivas en los quehaceres donde den la talla? Gobierno de personas supone conducir, motivar, ir por delante mostrando alternativas, confiar y exigir.  El peruano es creativo pero no solo cuando es acuciado por la necesidad sino también cuando necesita satisfacer un mercado que constantemente reclama productos diferenciados.    

 

2.-  “La actual crisis económica es internacional, estamos inmersos en la globalización”.  

En efecto, el mundo está estrechamente vinculado.  Los países más fuertes influyen para bien o para mal en los países en proceso de consolidarse. Pero siempre me ha parecido un tanto antojadiza la postura inveterada de los sucesivos gobiernos de calificar la influencia externa positiva o negativa con arreglo a sus intenciones políticas.  La globalización  nos exculpa de los propios yerros cuando algo no funciona.  También -bendita paradoja- nos avala cuando se pretende cambiar algunas reglas de juego, utilizando con tal naturalidad frases como: precios internacionales o estándares internacionales.

 

La globalización es la excusa del gobierno y el gobierno es la excusa del ciudadano.  Tenemos que aprender a pechar con hidalguía las consecuencias de nuestras propias acciones. Entre otras cosas, esto permitirá ser más responsables con nuestros compromisos y nos sabremos actores de nuestra historia.  Las influencias -como seres sociales por naturaleza- no son un problema, por el contrario, forman parte de la solución.

 

3.-  “Qué rápido se ha olvidado cómo era el país a finales de los ochenta”.               

 Con esta  sentencia se anula toda posibilidad de analizar -con la seriedad y el respeto del caso- la situación actual.  A lo largo de una vida personal, institucional o nacional existen hitos de gran relevancia que tienen el mérito de cambiar para bien el rumbo de las cosas.  El caminar en esa nueva dirección obviamente levanta polvo, porque la vida continúa y obliga a amainar la polvareda que ante nuestros ojos se agita.  Es perfectamente lícito responder a las exigencias del presente, lo cual en lo absoluto significa minimizar ni menos desconocer los logros pasados.  Pretender que todas las acciones del gobierno se valoren con arreglo a lo mal que se estaba en épocas pretéritas es señal de que faltan argumentos para conducir al país a una situación mejor y deseable. 

 

4.-   “¿No está de acuerdo…?  Entonces no es patriota, busca desestabilizar”.          

Disentir o discrepar no siempre es un acto que entrañe confrontación. Es simplemente un asunto de percepción, de enfoque de hechos o situaciones opinables. Entre amigos se discrepa y la relación no se resiente. Es más, los puntos de vista diferentes ilustran, clarifican las ideas y, en consecuencia, las decisiones son asumidas con menos riesgos.  Mientras no se falte el respeto a las personas, las opiniones derivadas de acciones públicas que afectan a una porción o a toda la sociedad son reacciones naturales que, por otro lado, engarzan perfectamente dentro del juego democrático. 

 

Las mentiras, las difamaciones y las calumnias -procedan de quien procedan- son actos que sí desestabilizan a la sociedad, porque quiebran el conectivo social más importante: la ética. El pronunciarse sobre un hecho o situación originada por un agente público es una actitud patriótica, pues nace de un interés genuino por la marcha del país. Ya va siendo hora que los gobiernos entiendan que los ciudadanos somos actores y no comparsas del juego político; que tenemos deberes pero también derechos. Ahora bien, no es un acto correcto atacar a una persona con calificativos inapropiados  bajo el pretexto de ejercer el ‘derecho’ de disentir.  

 

5.-  El Perú es un organismo enfermo, donde se pone el dedo brota el pus”  (González Prada)                

 

El Perú es un organismo vivo, en crecimiento, con dolencias y malestares propios de su juventud.  Incompleto, quizá. Tal vez con fiebre alta por alguna infección, ¿pero todo él está enfermo y desahuciado? Una visión pesimista conduce a ese diagnóstico. Desde una perspectiva real, nuestro país es absolutamente viable.  “Quienes caen en la amargura, en el pesimismo, en el desencanto, ignoran que el Perú es aún una posibilidad”, señala Jorge Basadre. 

 

Ser peruano es un hecho  ineluctable para quien ha nacido “en esta hermosa tierra del Sol” y no se puede renunciar a esta característica existencial. Por tanto, si nosotros -los peruanos- nos lamentamos de nuestra suerte, si lo criticamos con acidez, si somos incapaces de valorar lo positivo  ¿quiénes van a construirlo? Si nuestras energías beben de las aguas del desánimo y del pesimismo ¿podremos sorprendernos luego que estemos atascados en el subdesarrollo?

 

Una percepción real del país no soslaya sus errores, sus imperfecciones ni sus dificultades; tampoco magnifica lo positivo. Un enfoque realista, además del conocimiento de realidad, supone una actitud positiva y bien dispuesta para la acción, para el cambio.  La actitud es tan y algunas veces más decisiva que los meros instrumentos y estrategias para el desarrollo. Confianza, generosidad, esfuerzo, lucha, ilusión son algunos ingredientes de una actitud positiva, la llave que abre la puerta al crecimiento sostenido.   

 

Lo real y cierto es que el Perú ‘funciona’.  Pero, como decía Vallejo “Hay  hermanos, muchísimo por hacer”. En efecto, queda mucho por hacer en todo orden de cosas., lo cual es una tarea que entraña esfuerzo sostenido en el tiempo. En rigor, más conviene hablar de completar, de terminar, porque nadie construye o hace algo de la nada sino a partir de una materia prima que se va formando a lo largo del tiempo.  El Perú no ha comenzado a ser nación hace 10 ó 20 años. Toca a los peruanos del presente respetar, aprovechar, corregir y actualizar los aportes de sus antepasados. Me gusta pensar que cuando Vallejo hizo esta sentencia se refería en concreto a cada uno de sus compatriotas. Con la palabra ‘hermanos’ destierra todo tipo de gesto impositivo o de superioridad. Y con ‘por hacer’ consagra, si cabe la expresión, los deberes  y derechos ineludibles de la sociedad civil.  

 

Tenemos que luchar para que nuestra nación se desarrolle y funcione más y mejor. No perdamos la ilusión a pesar de los días de penumbra o de oscuridad. La riqueza más importante que tenemos somos todos y cada uno de los peruanos. Con la frente alta para divisar el horizonte y con los pies firmes en el presente para aprovechar las oportunidades, marchemos hacia la conquista definitiva de nuestro Perú.

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3 comentarios

  1. Luis Mendiola dice:

    En efecto hay mucho por hacer y no es necesario dedicar muchas horas en pensar que acto extraordinario podemos llevar a cabo. Se hace patria en el día a día, haciendo extraordinariamente las cosas ordinarias. Si entendemos bien esto, podremos morir con la satisfacción de haber hecho algo por el Perú.
    ¿Por donde empezar? Empecemos en nuestros hogares y respectivos centros de trabajo, cumpliendo con cabalidad y rectitud de intención nuestras obligaciones.
    Ser honestos, sinceros, perseverantes, sencillos,solidarios, …, son actos heróicos pues actuar así implica, en la mayoría de las veces, ir contracorriente y eso cuesta.
    Luego, a pesar de todo podemos salir adelante. Así sea.

  2. Walter Brunke Ríos dice:

    Estimado Luis:

    Acabo de leer un pensamiento que me ha hecho reflexionar hasta lo más profundo del corazón, en relación a otro paso concreto en aquello de ir contracorriente día a día:

    “¿Que hay quien se molesta, porque dices las cosas claras? –Quizá se mueven con la conciencia turbia y necesitan cubrirla así. – Persevera en tu conducta para ayudarles a reaccionar”.

    Y esto, no amilanándote por que te puedan responder, con aparente razón, este otro pensamiento igual de valioso:

    “Hablas continuamente de que hay que corregir, de que es preciso reformar. Bien…refórmate tú –que buena falta te hace-, y ya habrás comenzado la reforma. Mientras tanto no daré crédito a tus proclamas de renovación”.

    En este caso, puedes replicar con otra máxima:
    “- Si de veras, como aseguras, te interesa el bien de las almas, o la afirmación de la verdad, ¿por qué te ofendes?”.

    La hipocresía se presenta y concretiza de múltiples maneras distintas en actos que atentan contra la dignidad de otra persona humana, a veces falazmente auto-justificadas , con buena o mala fe, por grandes pensamientos o citas de excelsas obras y humildes autores grandes… En el Perú, como en muchos otros lugares, la hipocresía definida como “fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan” suele solaparse con la farsantería, la deslealtad, o el hábito de decir sí, cuando debe decir no, o decir “Z” en lugar de decir la razón verdadera. A veces, esto se justifica por un prurito de delicadeza que esconde el temor de alguna consecuencia inapropiada y entonces se recurre a medios indirectos que tiran la piedra y esconden su mano o, simplemente, a excusas formales o ambiguas… Muchas veces es la búsqueda de seguridad personal la que lleva a los hipócritas de buena fe a actuar así. Esto se da en grado sumamente exacerbado en nuestro medio ambiente político peruano, y, por supuesto, en general, en el medio ambiente social patrio, aunque en diferentes grados dependiendo de los contenidos particulares del carácter idiosincrático de cada colectividad humana, que a su vez también puede variar por una mejor o peor cultura ética. ¡Falta sinceridad!

    Finalmente se ofrece otro pensamiento que da mucho, muchísimo de sí, y que todo educador debe ciertamente tener siempre presente:
    “-Propósito concreto: al corregir o al aconsejar, hablar en presencia de Dios, aplicando esas palabras a nuestra conducta.”

    A lo que humildemente sugeriría agregar, -volviendo a recoger el primer pensamiento citado -, mas siempre diciendo “las cosas claras”.

    Estos apuntes a tus palabras, querido Luis, no son pesimistas por el fondo crítico que albergan, sino que las indico con la idea de que al reflexionar muchos sobre ellas, sin caer en la falsa generalización aquélla (“donde se apoya el dedo, salta la pus”) empecemos, tambien, muchos a reformarnos al mismo tiempo, ayudándonos unos a otros y poder así “morir”, si cabe decir la expresión que sigue, “más tranquilos y satisfechos” al haber ayudado de esta manera, quizá audaz o romántica a nuestro querido Perú.

    Dejo constancia de que concuerdo en lo esencial contigo: por lo menos hacer lo que tú has señalado.

    ¡Un abrazo afectuoso y bienvenido al ruedo!

  3. Jcmis dice:

    Tu comentario sobre Prada se basa en la actitud pesimista que toma, pero tú no logras comprender el contexto socio-histórico en el que se encontraba el Perú después de la guerra. Muchas veces, leemos un libro y no nos fijamos que ese texto ha sido producto de las influencias materiales de la realidad de su tiempo y que, puede ser el caso, ahora son distintas. Actualmente, podemos comprender que su caústica crítica a la socieda y el Estado son muy enérgicas y pesimistas, sinb visión de viabilidad, pero para los finales del siglo XIX, Prada buscaba despertar a los hombres, a aquellos que estan amodorrados, pero no petrificados.

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