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¿Hasta cuándo seremos tratados como ‘clientes’ y ‘contribuyentes’?

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sociedad-ciegaPor Edistio Cámere

 

Clientes y contribuyentes, a eso nos vemos a veces reducidos por la complejidad del aparato económico y la falta de sensibilidad de algunas formas de gobierno a nuestros derechos como personas. El aparato estatal y el productivo tienen  grandes exigencias hacia el ciudadano: lo asedian, lo cercan sobre la base de estrategias persuasivas para que cumpla con su obligación o pague por un producto.

 

Desde la óptica de clientes y contribuyentes la sociedad opera bajo el criterio de la ‘lógica de las equivalencias’. Es decir, todos somos iguales, valemos lo mismo en tanto ‘demos’ lo que ambos aparatos demandan. Pero esta utilidad que como clientes o contribuyentes podamos tener es una condición efímera o variable. ¿Qué ocurre cuando los ciudadanos no pertenecen a ninguna de esas dos categorías? ¿Por qué se suele olvidar a los ancianos, a los niños, a los enfermos, a los discapacitados, al hombre del campo? ¿No será –entre otras razones– porque no son clientes o contribuyentes?     

 

La instauración de la lógica de los equivalentes en una sociedad atenta contra la dignidad de la persona en tanto que esta vale por lo que es y -como bien advierte Tomás Melendo– contra su exquisita y pronunciada singularidad.  Kant afirma que “lo propio de las cosas, precisamente porque pueden ser intercambiadas con otras, es tener un precio, un equivalente; mientras que lo característico de la persona, justamente porque no es sustituible por ninguna otra, es su  dignidad que la torna objeto, no de permuta interesada, sino de amorosa donación gratuita”.

 

Cuando en la práctica no se reconoce en las personas su singularidad y no se protege su dignidad se convierten en un elemento intercambiable. Así tratadas, evidentemente, poco pueden aportar en la construcción de una nación pujante y firme.

 

Sociedades intermedias

 

Para cambiar la dinámica de clientes y contribuyentes nuestra sociedad tiene dos alternativas: esperamos que los entes burocráticos y productivos adviertan la condición personal del ciudadano o somos nosotros mismos los que iniciamos una campaña de humanización, comenzando por las propias familias (el único ámbito donde la persona es querida y valorada no por lo que hace sino por lo que es), reavivando y fortaleciendo los  barrios, las urbanizaciones, asociándonos con los que quieren conseguir lo mismo o con los que piensan de modo semejante…

 

De este modo, en el marco de los denominados grupos o sociedades intermedias no solo aprenderemos a valorar las relaciones personales desde otra lógica: la lógica de la gratuidad, sino que además se podrá ir revertiendo la atomización de la sociedad civil. En vez de ser un conglomerado de individuos desvinculados unos de otros seremos personas unidas en torno a distintos pero legítimos fines.  En el ámbito de las sociedades intermedias la persona es ‘actor y no comparsa’, pues su iniciativa y decisión son valoradas y consideradas.

 

Una sociedad desarticulada es terreno propicio para el crecimiento de la presencia avasalladora del Estado. Cuanto menos grupos intermedios haya en una  sociedad, el Estado se percibe ‘grande’ y ‘llamado’ a organizar el conjunto de las tareas sociales, económicas, educativas y culturales, apropiándose de la iniciativa y responsabilidad de los ciudadanos con la consecuente reducción del campo de sus elecciones particulares.

 

El camino de la repersonalización de la sociedad y del fortalecimiento de los grupos intermedios es largo. Pero es la ruta segura. Los futuros dirigentes entenderán que el ‘soberano’ no es el ‘pueblo’ como ente genérico, sino la persona humana que, unida solidariamente a los demás, constituye la sociedad civil. ¡Ah! y a sus conciudadanos no los percibirán tan solo como clientes o contribuyentes.

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4 comentarios

  1. Walter Brunke Ríos dice:

    Edistio:

    Muy interesantes y puntuales las ideas de tu post.Quisiera abundar sólo en lo que afirmas en el penúltimo párrafo, que me parece medular.

    La democracia pluralista no puede funcionar como es debido si sólo tiene sobre su base una sociedad desarticulada, es decir, sin esas sociedades intermedias, siempre y cuando éstas tengan autonomía, no existan sólo sobre el papel y no se encuentren subordinadas a…, y/o manipuladas desde…, los partidos políticos que aspiran a una “democracia partidocrática” para mantener la concentración de su poder sobre la sociedad.

    En el Perú, a ciertos partidos y a muchos políticos les viene “a pelo” que surjan crisis de distinta naturaleza. Entonces, sienten que es la oportunidad propicia para sacar provecho “político” de la situación, pero no precisamente para solucionar dichas crisis, sino para acrecer su poder e influencia sobre el “demos”, usando del sentimiento ciudadano de que “el gobierno, el Estado, tiene que hacer algo”, lo cual les dá la excusa para aumentar, sin problemas, el tamaño del Estado, la burocracia de la administración pública (central, regional, provincial y local). Esto trae como consecuencia un aumento de su capacidad de control sobre la ciudadanía y no precisamente para fines del Bien Común, sino para sus puntiformes fines individuales.

    Por eso no comparto sin más los cliché “no hay presencia del Estado” o “falta presencia del Estado” en tal o cual zona del pais,(que resultan falsos no por lo que afirman, sino por lo que omiten afirmar a continuación: que falta, también, más Sociedad), pues detrás de la literalidad puede haber buenas intenciones, pero se presta para desviar la atención sobre las verdaderas raíces de los problemas en el Perú. Sintéticamente:
    1)desgobierno, políticas ineficientes o insuficientes,improvisación, imprevisión, etc., que en estos casos deben ser imputados no al Estado ni a la democracia pluralista, sino a las personas concretas que tienen la responsabilidad de administrarlo en el turno que les haya tocado; y,
    2)inhibición de un enorme sector de ciudadanos valiosos a asumir responsabilidades conscientes en relación con la promoción directa del Bien Común, como bien lo has anotado en tu post.

  2. Amador dice:

    Que gran artículo, destaca un punto de vista muy eficaz. Este es un ejemplo más que “El peruano tiene la propia solución al propio peruano”.

  3. Jorge Amasifuen dice:

    En verdad no me habia puesto a pensar que recibimos este tipo de trato por parte del estado. Seria bueno informarnos mas sobre esto para evitar ser simples clientes y contribuyentes y tener un mayor protagonismo en el desarrollo del pais. Ojala puedan facilitarnos mas ideas de lo que son las sociedades intermedias y el verdadero rol que debe cumplir el estado para con los ciudadanos. Gracias.

  4. Mauricio dice:

    Jorge, el tema del valor trascendental de los grupos intermedios en el desarrollo justo y solidario de una sociedad es sumamente interesante. No se trata de palabras nuevas ni alejadas.
    Fíjate que los grupos intermedios están compuestos por aquellas organizaciones de personas como los clubes deportivos, las juntas de vecinos, los sindicatos, las agrupaciones de trabajadores, junta de madres, etc. Y su razón de ser es el unir la voluntad de un conjunto de personas que, actuando independientemente, quizás no podrían conseguir los mismos resultados.
    Ahora, quienes gobiernan a las personas agrupadas o no en grupos intermedios tienen la obligación de procurar para todos ellos condiciones de vida que les permitan desarrollarse plenamente como seres individuales, familias y asociaciones. Motivando a todos ellos a trabajar por ellos mismos y por la comunidad en general. A esto se llama proveer el Bien común de la sociedad.

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