Sociedad Amantes del País

Poema: No tabe, por Melissa Olivares

La Sociedad Amantes del País se complace en presentar un poema de Melissa Olivares Navarro, destacada literata de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, quien remite esta creación libre para nuestro Ciclo de Poesía: “Centenario del fallecimiento de Leonidas Yerovi (1917-2017)”.

No tabe

Y esto no se hace para recitar

No se hace así

Esto no es  un vaso sin bordes

Nadie dijo que sangremos

Son solo segregaciones que van a pasar

Que van a acabar y estoy comiéndome las cortinas

Para que no nos ganen

Y me entiendas que esto va más que por mí

Así no te haya pintado

Porque solo sé maquillar y tus bordes son tan bellos

Y tu cabello es una sonaja para mis manos

Un carrusel de alabastro que me hace torpe

Que me hace algodón

Que hace que no pueda mentir

Cuando la cólera es de a minutos

Y las palabras una cena de escritorio

Donde podría servirte mis libros

Por si te mecen

Por si ya no creemos

Porque no me voy para siempre

Solo es de a ratos

Un vaso con agua

Se enjuaga mis torpezas

Es hora de dormir

Nosotros a hibernar.

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Av. Arequipa: selva de cemento

Por Luis Enrique Cam, documentalista.

Acabo de caminar 10 cuadras en la Av. Arequipa y veo que los árboles parecen artificiales, no hay pajaritos que canten por los infinitos claxon que tocan los autos colectiveros… se han ido todos asustados. Por las veredas se ve publicidad pegadas con engrudo que anuncian a chamanes, préstamos al instante, mudanzas, atrasos menstruales, etc. Como que cada quien hace lo que le da la gana a vista y paciencia de los fiscalizadores municipales; más autoridad por favor sino será la ley de la selva.

av. arequipa

12 de octubre: día de la hispanidad y el mestizaje

Por Aleks Narvaez Espinoza, Egresado de Historia por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

El 12 de octubre de 1492 España llegó a América con la Cruz y la Espada. Trajeron lo mejor y lo peor de ellos. Sangre y odio derramaron, con hierro y fuego se forjó una nueva etapa de la historia en América. Europa había llegado. De un cristianismo militarizado cuasi fanático que había vencido y expulsado de su tierra al moro infiel y ahora había llegado a América e iniciaba su nueva cruzada para someter y evangelizar al indio pagano. Vinieron de toda hispania desde castellanos, leoneses, extremeños a gallegos junto a andaluces con catalanes e incluso vascos y navarros.

Descubrimiento de América

Descubrimiento de América – 12.X.1492.

Atravesaron miles de kilómetros por mar y tierra, luchando y saqueando palacios y templos en su camino, derribando ídolos y cultos a muchos dioses y edificando encima iglesias a su único Dios. Valientes, brutales, ambiciosos, violentos, osados y tercos así como crueles en la lucha, españoles al fin y al cabo. Se asentaron así en nuestra tierra. Fueron híbridos de mercantilistas con mentalidad semi feudal. Fue así que gozaron de sus riquezas y se mezclaron con las nativas y luego con sus esclavas africanas. Surgieron de ellos los criollos, los mestizos, los mulatos y demás castas. Y de ese periodo surge nuestra hispanidad, nuestra herencia mestiza. Hijos de muchas sangres que aún entre nosotros no podemos entendernos. Pero somos lo que somos y como aquel pensador y político español J.A Primo de Rivera dijera: “América es para España no solo la anchura del mundo mejor orientada a su influencia cultural sino uno de los mejores títulos que puede alegar España para reclamar un puesto preeminente en Europa y el mundo” y tal como en sus versos el propio Pablo Neruda dijera del legado de español en nuestra lengua: “Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores… éstos andaban por las Américas encrespadas… con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo…Todo se lo tragaban… Pero a los bárbaros se les caían, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro…Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras” y finalmente el genial Octavio Paz que mejor que nadie lo entendería al pedir comparar a Cortés con Cuahtemoc: “Negar a uno es negar al otro y es negarnos a nosotros mismos” ya lo decía el mismo Vasconcelos “Por mi sangre hablara el espíritu”. Pues eso somos el legado que se transmite en la Lengua castellana, la fe católica y nuestra cultura mestiza…Eso es Hispanidad.

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Poema: Seda-Se da, por Melissa Olivares

La Sociedad Amantes del País se complace en presentar un poema de Melissa Olivares Navarro, destacada literata de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, quien remite esta creación libre para nuestro Ciclo de Poesía: “Centenario del fallecimiento de Leonidas Yerovi (1917-2017)”.

Seda-Se da

Un instrumento melancólico

       traspasa lo conciso

  de un poema que realiza ejercicios cortos

  Y por qué hablar menos

    cuando hay un despliegue

            de barandillas coagulándose nuestras palabras

   cuando el tiempo

          afila la vida

  para volverla piezas servibles

    en un banquete donde se prueba

      la copa y no el vino

  quizá para estrujar nuestros besos

  quizá para entibiar nuestros cuerpos

                 Pero dame lo más corto

                        pero no desgajes mi vida

                          pero no me digas mucho por partes

                                          hazme un haiku

     y plántame en un colina de hojas

      con un interruptor por si me aburre la contemplación

  así regreso al bolso corto

    a las bufandas que contraen solo el cuello

  Y por sobre todo, no me pliegues en cuatro hojas,

    por sobre todo no las pegues

    el dolor es solo una representación

    que fenece en cuanto la butaca

    pierde el número y nombre

 

          Siento no cumplirle, señora

             no sé de rizomas en las palabras

               pero puedo volverlo así

  A menudo la memoria

     se estabiliza con un verso

  a menudo la mía

         se descuadra con cuatro hojas

     Y es lo que importa

          salir del cuadrante

      salir del amor

  salir del tablero

          sujetándose del borde con no más de cuatro dedos

  Que anuncia que esto acabó

      pero que necesita decirse

      Se siente bien

            cargar cuatro hojas

     en el cinturón que las creo

  en el regazo que fue abofeteado

       en cuanto más se creía

      Y quiénes son todos ustedes para instaurar la brevedad

  Si los caminos más largos terminan

                                                    consolándote los pies

                                       Así te quejes

 

     Vivimos en cuarentena

     vivimos con los excluidos

        que captan los tres minutos

     mientras mi lengua corre

     porque el poema es una parada

     de metro que no hay en mi ciudad

     porque los cuadrantes son historias secas

     y las bisectrices una caja de lencería

    que también cargo yo

        El significante también es un párrafo

 

              Déjame que te cuente una historia

         donde una bailarina

             no entendida

                va girando su cuerpo

            con cintas de versos

              ella no sabe

                ella será el cuento de la punición articular

             ella llevará el tiempo en sus mallas

             ella curvará la palabra “pasado”

                ella girará la palabra “espera”

                 y si ella falla, cambiará las alas del colibrí

                por las de un murciélago-y eso no es error_

             Solo que ciertas aves no tienen jornada

               es solo que ciertas aves no tienen pausa

                  Repiten más que un aleteo largo

                y si te fijas en sus partes

                   dicen más que cuatro hojas

                Dice que no es novela

                    dice que no es dolor

               dice que es el capricho instaurado

                 de que cada cosa debe durar

                                                    lo durado

          Evita la fatiga la línea es un verso

          evita la fatiga es solo papel

          evita la fatiga y vete a un …

 

      Mi niño,

          ¿hoy quieres al sonriente?

        Hoy quieres que trasquile

        las palabras del caballero

        con espuelas en las manos

             porque tú ya sabes

       que quedamos que no serían para el caballo

       porque hay una cadena de idiotas

       jugándose el mundo

         Y tú solo quieres una historia larga

           para que no termine de hablarte

             porque tus sueños son cortos

          porque 2 minutos y medio

             puede ser un terremoto o una violación

           y qué hay después de ello

              Una historia que se pliega

           y te acurruca las heridas e intenta tejerte el brassiere

                  Hoy quiero que me lleves

                  hoy quiero una pista incierta

                  hoy quiero no una novela

                  hoy quiero un cuento largo

                  hoy quiero cuatro hojas

                       como un mapa

                   en donde ya no se escribe

                   y que quizá en el camino

                  sea el último poema que hagas

 

   Pero así es

            en el poema no se prohíbe

     te puedes llevar un poco, te puedes quedar con nada

         pero si tus dedos

              tocan los versos

                  pero si tu agitación es más espesa

         y las batallas son más de a uno

          camina más lento

                 coge lo que quieras

             camina más rápido

         reordena el poema

            y llévate un cuchillo

                  para cortar las líneas

           Llévate una flecha

                búrlate de lo defensivo del lenguaje

              búrlate de la espera

               que se me estira el cuerpo

               que se me saltan las hojas

               que sé que me excedí

                   pero el poema es un exceso

 

                      porque el poema es exagerado

             porque el poema es un niño vanidoso

              que exige que lo vean

           Se comporta

             desvanece

          contiene la idea

          del juego perverso

             donde no hay contrincante

         sino solo una espalda

           de un hombre maduro

             que espera que dejes de hablar

         y tú hablas más

            y tú escribes con revancha

          porque no hay de otro modo

                porque sus ojos te pegan

                porque esto terminó

           Pero el poema se expande

             Un giro a la izquierda

                     la bailarina bota el último verso:

          “El poema no será breve jamás

               tiene condición de infinito”.

 

GOBIERNO Y EPISTOLARIO DE DON JOSÉ DE SAN MARTÍN, PROTECTOR DEL PERÚ

Por el Dr. José Agustín de la Puente Candamo, miembro de la Sociedad Amantes del País y ex Presidente de la Academia Nacional de la Historia.

La Sociedad Amantes del País invita a sus distinguidos lectores a leer el Tomo XIII de la “Colección Documental de la Independencia del Perú”, obra colosal que se publicó en el sesquicentenario de nuestra independencia nacional. A través de esta introducción, el Dr. J. A. De la Puente Candamo nos refiere el contenido e importancia de dicho estudio, el cual sustenta los orígenes del Perú como un Estado libre. Próximos a celebrar el Bicentenario Nacional (1821-2021) la lectura de este texto nos ayudará a profundizar sobre este convulso y apasionante periodo de nuestra historia.

La obra del gobierno de San Martín en el Perú y el epistolario del Protector del Perú con los peruanos de las horas de lucha es materia del tomo XIII de la Colección Documental de la Independencia del Perú, del cual este volumen es parte integrante.

El objetivo es muy claro: ofrecer la visión de la obra de San Martín como gobernante del Perú. Hay dos etapas precisas, ambas integrantes de la recopilación: la primera, desde el momento de la llegada de San Martín a Paracas, 8 de setiembre de 1820; la segunda desde la proclamación de la independencia  nacional, el 28 de julio de 1821 hasta el 20 de setiembre de 1822, cuando San Martín entrega el gobierno y se retira del Perú.

Evidentemente lo que puede entenderse como obra de gobierno organizada y estable es asunto posterior a la declaración de la independencia y a la instalación del Protectorado; no obstante, desde la llegada al Perú de la Expedición Libertadora hasta julio de 1821 muéstrense diversas disposiciones de orden castrense, relativas a la tranquilidad pública y a negociaciones con los españoles, que pertenecen de manera evidente a la obra de gobierno de San Martín.

de la puente

Dr. José Agustín de la Puente Candamo

La antes dicha obra de gobierno se recoge en dos volúmenes de los cuales este es el primero y en él se agrupan, dentro de una clasificación que persigue la mayor claridad posible, los textos legales y las diversas normas.

Sin embargo hay que aclarar que los dos volúmenes dedicados al Gobierno de San Martín, y el volumen que comprenderá su epistolario con peruanos, integrantes del tomo XIII antes mencionado, no son los únicos que registran documentos del antiguo Jefe de la Expedición Libertadora.

En efecto, aparece el tema sanmartiniano en diversos tomos de la Colección Documental, a saber: el Tomo V, vol. 1.° y 2.°, “La acción patriótica del pueblo en la Emancipación. Guerrillas y montoneras”; el Tomo VIII, vol. 1.° a 3.°. “La Expedición Libertadora”; el Tomo VI, vol. 2.° al 5.°, “Asuntos Militares”; el Tomo VII, vol. 1.° al 3.°, La Marina; el tomo XXV “El Teatro en la Independencia”; el Tomo XX, “La Iglesia”; el Tomo XXI “Asuntos Económicos”; el Tomo XXII “Documentación oficial española”, vol. 1.° y 2.°; el Tomo XXIV, “La Poesía de la Emancipación”; el Tomo XXVI, “Memorias , Diarios y Crónicas”, vol. 1.° al 3.°; el Tomo XXIX” Iconografía”; el Tomo XXX, Bibliografía. Igualmente las ediciones de papeles de Unanue, de Reyes, de Riva Agüero, de Torre Tagle y de las Misiones Peruanas comprenden el tema sanmartiniano.

En los diversos tomos antes citados y en sus respectivos volúmenes aparece San Martín de manera exclusiva, o encuéntranse diversos testimonios suyos o de su tiempo.

Lo expresado anteriormente responde al espíritu de la Colección Documental de la Independencia del Perú, que quiere presentar la imagen de la época precursora y de la época de los Libertadores sin recorte alguno y sí con el propósito de aportar a los investigadores el conjunto esencial y diverso para entender nuestra emancipación.

Los peruanos al exaltar el tiempo de los Precursores y al reiterar el encomio de los hombres que nacieron en el Perú y que sirvieron a la Emancipación, y al insistir en el origen peruano de la Independencia y al afirmar que no se nos impone desde el extranjero, no pretendemos ni olvidar ni recorte los aportes de hombres, de ideas o de actividades originados de diversas regiones de América o de Europa.

coleccion

El orden de los dos volúmenes dedicados al Gobierno de San Martín es el siguiente:

  1. El Reglamento Provisional de 12 de febrero de 1821.
  2. Declaración y Proclamación de la Independencia del Perú.
  • El Protectorado.
  1. Documentación varia.
  2. Las Guías de Forasteros.

El primer apartado no requiere mayor explicación; es la reproducción del mismo texto legal.

El segundo, además del acta de la Declaración de la Independencia, agrupa algunos testimonios vinculados con ésta y con la Proclamación. No se desarrolla más ampliamente este tema, pues un tomo de la Colección está dedicada de manera específica a las actas de Declaración y a las ceremonias de Proclamación de la Independencia en diversos lugares del Perú.

La tercera sección de este tomo es eventualmente la más nutrida y la que encierra una visión integral y sistemática de la obra del Gobierno del Protectorado en el Perú.

Bien sabemos que San Martín entre nosotros advirtió desde su desembarco en nuestra costa que tenía entre las manos dos tareas irrenunciables y absolutamente enlazadas la una con la otra: la guerra contra los españoles y la organización del Estado peruano recién fundado.

Como factor que reitera el enlace entre ambos temas hállase en San Martín, como en otros hombres de su tiempo, la preocupación por evitar a anarquía, la gran angustia de la época. Que el bien de la Independencia que se gana con tanto esfuerzo y con tanto dolor, no se pierda la división anárquica entre los peruanos.

La presencia de este legítimo temor a la anarquía está expresa o implícita en buena parte de la legislación sanmartiniana. Precisamente el gobierno vigoroso que San Martín establece en el Perú y las razones por las cuales asume el mando de Protector de nuestra libertad, se explican por su voluntad de afirmar un Ejecutivo fuerte en momentos de guerra y de profunda transición.

Además, la legislación del tiempo del Protectorado es como lo dice el mismo fundador de nuestra independencia una legislación transitoria en tanto que se reúna el Congreso del Perú, y que sólo busca la buena marcha de la guerra y la inicial afirmación de la buena autoridad.

Pero hay algo más. San Martín, y esta es virtud capital que los peruanos no olvidamos, orienta sus disposiciones legales no en función de esquemas teóricos, sino que muy al contrario considera con minuciosidad la realidad peruana para que estos dispositivos legales se conviertan de verdad en instrumentos eficaces. No puede desconocerse que hay en San Martín discreción, prudencia, cautela. La revolución que él encarna, y que es siempre revolución, procura que se presente en el procedimiento y en el progresivo contenido como un cambio no brusco ni violento, y procura, del mismo modo, que la Emancipación no representa una paralización de la vida del Perú.

Piensa San Martín, y está en la entraña de su primera acción legislativa, que lo esencial reside en que el ejercicio del poder pase a manos de los peruanos, a los señores del Perú. En una segunda instancia atiende a que las nuevas normas ganen el respeto y la obediencia de la población; en un tercer nivel, sin que esto signifique una secuencia matemática, hállese inequívoca en San Martín y en su obra una clara preocupación de orden social orientada a realizar el bien común de los peruanos.

Dentro de su ánimo que busca afirmar la creencia en la autoridad y evitar la anarquía, como antes reiteradamente se expresa, aparece en San Martín la forma monárquica como un instrumento transitorio y pedagógico, que significara frente a los días y a las costumbres virreinales una transformación sin violencia, sin riesgo de desacato.

En esta obra esencial de gobierno de San Martín en el Perú entre julio de 1821 y setiembre de 1822, y aun desde la llegada a Paracas, no puede presentarse su política como tarea originalísima o personal. Al lado del Protector en la inspiración ideológica y de la influencia humana y en la amistad se hallan Bernardo de Monteagudo, sin duda el artífice ideológico del Protectorado; Juan García del Río, el hombre fino y culto que orienta múltiples labores con su delicadeza humana; y está igualmente Tomás Guido, amigo cercano de San Martín y siempre leal a su nombre y a su obra.

Y entre los peruanos que se hallan a la vera del Protector  no puede omitirse a José de la Riva Agüero, hombre fundamental en los días anteriores a la Expedición Libertadora y en el proselitismo constante, sin olvidar la posterior y profunda discrepancia con Monteagudo que es asimismo un alejamiento de San Martín; a Hipólito Unanue, en los primeros pasos de la organización hacendaria y en el consejo siempre sabio y discreto; a Torre Tagle, que para San Martín y para el Perú representa el aporte del norte con el pronunciamiento de Trujillo por la libertad, y que colabora con San Martín en el interino ejercicio del poder como Supremo delegado.

Y está presente en los días del Protectorado José Faustino Sánchez Carrión, quien al manifestar su discrepancia con la forma monárquica aporta luces y energía para el esclarecimiento del futuro del Estado en el Perú.

Sin afán hiperbólico alguno, con la mayor serenidad puede decirse que a obra de gobierno de San Martín en el Perú responde a principios sanos, persigue la derrota de los españoles y la firmeza del nuevo Estado, afirma el dominio de la Patria en la mayor parte de nuestro litoral, en la sierra del norte y en alta proporción en la sierra del centro, y durante su dominio se afirma el señorío en los rumbos del mar. Pero hay algo más y tal vez más profundo: San Martín que es el fundador de nuestra independencia, se afana porque ésta no sea el fruto glorioso de un triunfo militar que sus tropas, sino que muy al contrario anhela que sirvan de testimonio para que los peruanos pudieran expresar sin incertidumbre la voluntad separatista.

En fin, como alguna vez lo he expresado, San Martín que desde los días de Abascal piensa en las provincias del Plata en la necesidad de llegar al Perú para consolidar la independencia de América, no es entre nosotros un extranjero, sino un hombre que nace en otras comarcas del Imperio español y que con su espíritu y voluntad separatista y con su conducta discreta se une al destino histórico del Perú.

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Villancicos a Santa Rosa de Lima (1668-1671)

Por Carlos Arrizabalaga Lizarraga, Doctor en Filología Hispánica y profesor de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Piura.

Muchos poetas han escrito composiciones referidas a la vida y la figura de Isabel Flores de Oliva. Tal vez entre los primeros pueden estar unos endecasílabos pareados conceptistas del trinitario valenciano fray Juan Bautista Aguilar. Este elocuente religioso los publicó con el nombre de “Canción a Santa Rosa”, y probablemente tuvo música y formó parte de celebraciones religiosas. Salió impresa en Varias hermosas flores del Parnaso (Valencia, 1680), donde él mismo recoge poesías castellanas de autores famosos además de unas 40 composiciones de su propia pluma. El padre Vargas Ugarte lo dio a conocer en 1951; posiblemente los había encontrado en una curiosa antología reparada por Juan Pérez de Guzmán (1841-1928), publicada en Madrid en 1891, con todas las poesías castellanas que tenían como tema la reina de las flores.[1]

¡Oh, mil veces feliz!, pues que dichosa

en el mundo, jardín, luciste rosa,

y en tu purpúrea flor por su ventura

herido breve pie la dio hermosura,

y a ti en rara virtud, con gran fineza,

larga mano de Dios te da belleza.

Vive entre espinas, reina de las flores,

esa que a hermoso prado ofrece honores,

y entre penas que glorias tú imaginas,

reina resides, siendo las espinas,

quien te fabrica en ansias transitorias,

trono de penas para eternas glorias.

De esos mismos años proceden numerosas composiciones que iluminaron con palabras hermosas las celebraciones de la beatificación y de la canonización de la santa limeña. Han sido estudiadas por el profesor Miguel Zugasti, de la Universidad de Navarra y por la profesora María Luisa Lobato, de la Universidad de Burgos, ambos en España.

Los festejos por su beatificación de Rosa de Santa María tuvieron lugar en la basílica de San Pedro de Roma el 15 de abril de 1668. En Madrid se desarrollaron en octubre de ese mismo año. En Lima las celebraciones acontecieron casi un año después, el 30 de abril de 1669, justo cuando Rosa es declarada oficialmente patrona de Lima y el Perú. Desde entonces se celebra la festividad de Santa Rosa el 30 de agosto de cada año en varios países católicos, mientras que en Europa se celebra su día cada 23 de agosto. El papa Clemente X la proclamó santa el 2 de abril de 1671, y muchos poemas se harán eco de esas fechas de abril y agosto para ensalzar su nombre, puesto que también el nacimiento de la santa fue un 20 de abril de 1586 y falleció un 24 de agosto de 1617.

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Santa Rosa de Lima (1683), óleo sobre lienzo, 240 x 160 cm., realizado por Claudio Coello, destacado pintor del barroco madrileño. Museo Nacional del Prado, España.

El doctor Zugasti ha publicado recientemente la edición filológica de la comedia que Moreto dedicó a Santa Rosa para celebrar que su nombre subía a los altares de la cristiandad. Agustín Moreto y Cabana (Madrid 1618-Toledo 1669) dejó en efecto inconclusa una Comedia famosa. Santa Rosa del Perú, sobre la vida de la santa en dos jornadas que fueron acabadas con una tercera rematada  por don Pedro Francisco Lanini y Sagredo, un autor menos destacado treinta años más joven que Moreto. La obra empieza con unos músicos que cantan alegremente:

Ser reina de las flores

la rosa es común,

y de las reinas, reina

la Rosa del Perú.

Teniendo a Lima el cielo

envidia de su luz,

trocaron sus estrellas

el nácar al azul.

Engrandézcase el Perú

si la plata le enriquece,

que la Rosa le ennoblece

con belleza y con virtud.[2]

La obra celebra beatificación de Rosa de Santa María (1568-1617) y se publicaría en 1671, el mismo año de su canonización como la primera santa americana.[3] Su representación formó parte de los festejos religiosos que se celebran en España y el Perú en honor a la nueva patrona de América y Filipinas. La defensa de la fe católica se contempla en el marco de la expansión de la religión católica en el Nuevo Mundo, que antes de la llegada del Evangelio representa la morada tradicional de la herejía, las tinieblas y la idolatría. Por ello el demonio está representado por un indígena pagano, que se muestra colérico por el triunfo de la santa. “Ya voy rabiando de verme / por una mujer vencido”, declara en un momento dramático. Es fiel al relato de la vida de Rosa escrita por el dominico L. Hansen. Según el profesor Zugasti, su fuente directa habría sido la Historia de la maravillosa y admirable vida de la venerable Madre y esclarecida virgen Sor Rosa de Santa María, de fray Andrés Ferrer de Valdecebro (1666), quien elabora su texto a partir de la biografía de Hansen y otras fuentes menores. La comedia presenta escenas de la unión mística de la santa con la Virgen y con el niño Jesús, y además repite un episodio en que Rosa pronostica que le va a llegar un regalo de chocolate de la casa de don Gonzalo de Maza. Su amigo Juan, que pretendía lograr la mano de la bella joven, declara conmovido por la piedad, que entrará a la orden dominica y en ese momento se cierra el telón.

La escena más impactante es la defensa que hace Rosa de la ciudad de Lima ante la amenaza de un ataque naval por parte de una armada holandesa. Aunque cunde el pánico en Lima por este ataque calvinista, Rosa siente alegría, en vez de sumirse en el miedo y la desesperación, y se alegra porque cree. El motivo de la rosa como fuerza en la debilidad y memoria perenne en la brevedad se desarrolla profusamente en la comedia. En la escena final, se declara que no es sólo una “débil mujer” la que mejor defiende la fe en América, sino que —como consecuencia del sacrificio y el martirio de Santa Rosa— Jesucristo y su corredentora la Virgen María son los que aseguran el triunfo del catolicismo en el Perú virreinal. Por eso también se justifica que atribuya a la santa la dignidad de reina de las flores, que a su vez era una aposición común a la rosa.

Agustín Moreto fue también autor de coplas y villancicos que formaron parte de las celebraciones en torno a la beatificación de Isabel Flores de Oliva. Han sido estudiados también por el profesor Zugasti. En ellos, pone en relación la idea de la santidad con la imagen del jardín, en este caso dominico, referencia a los meses de nacimiento y muerte de la santa y con una clara alusión a la ciudad de Lima, donde todo el año se siente un clima primaveral:

Rosa de Santa María.

Que el abril la produjo

para este reino,

y el agosto cortada

la llevó al cielo.

Prodigio nuevo,

que cuando el vicio

al mundo tiene agostado,

el jardín de Domingo

siempre es un mayo.[4]

Hubo en ese momento muchas otras expresiones de fervor religioso en torno a la santa limeña. La profesora María Luisa Lobato ha estudiado con prolijidad el conjunto de poesías en honor a Santa Rosa que se publicaron bajo el título: Rasgo breve, disceño [sic] corto del religioso culto que la Nobleza Peruana consagró en el Real Convento de Santo Domingo de esta Corte a la bienaventurada Rosa de Santa María, natural de la ciudad de Lima, en obsequio de su solemne Beatificación. El autor fue Nicolás Matías del Campo y de la Rinaga, caballero de la Orden de Santiago, y estaba dedicado al presidente del Real y Supremo Consejo de las Indias, don Gaspar de Bracamonte y Guzmán, conde de Peñaranda, el año 1668, como recuerdo de la fiesta patrocinada por tres nobles peruanos, entre los que se contaba Juan Bravo de la Maza, nieto del contador Gonzalo de la Maza, en cuya casa feliz murió la santa. El volumen contiene sonetos, una relación y villancicos compuestos por Calderón de la Barca, Vélez de Guevara, y otros, y entre ellos se encontraban los ya mencionados de Moreto. También hay seguidillas y quintillas de autores diversos. Entre los versos de Calderón dedicados a santa Rosa, podemos recoger los siguientes, que establecen una duda respecto de la razón por la que le pusieron Rosa aunque la flor del lirio era considerada entonces el símbolo de la pureza. Pertenecen al segundo de los villancicos del gran dramaturgo español:

Si Isabel es juramento

de Dios y se cumplió en ella,

pues desde su tierna edad

amor la juró por reina,

¿por qué el amor deste voto

el lirio, que ser ostenta

símbolo suyo, no es

el nombre con que la premia?

Y si el azucena es

símbolo de la pureza

y Isabel se la consagra

también desde su edad tierna,

¿por qué de azucena el nombre

no la ilustra en consecuencia

de que el nombre y la virtud

en un sujeto convengan?

Y, en fin, ¿por qué

ha de ser rosa el blasón

que la engrandezca,

si la rosa solo es

símbolo de la vergüenza?[5]

Verdaderamente era inusitado que el nombre de una flor sirviera para llamar a una santa y la tradición católica había asignado distintas significaciones a las flores en virtud a su color, forma y características. Las flores blancas eran más apropiadas para simbolizar la pureza y la virtud. Pero la respuesta a este fingido desafío poético que ofrece el propio Calderón es firme y decidida:

Azucena y lirio, aunque

son hermosas flores bellas,

que de pureza y amor

uno y otro lustre ostentan,

son flores mal defendidas

a quien a tocarlas llega,

pues una y otra no tienen

espinas que las defiendan.

La púrpura de la rosa

dice Majestad y en muestra

de ser la reina del prado,

armadas archas la cercan.

Luego el ser Isabel rosa

de varias espinas llena,

sobre pureza y amor

dice áspera penitencia.

Amor, que no es más que amor,

sin pasar a más fineza;

castidad, que con quedarse

castidad vive contenta,

virtudes son, pero no

virtudes más que en sí mesmas

mientras no las acompañan

fervores, ansias y penas.

Demás, que a ninguna flor

le da patria que no sea

común a todas las flores

en valles, montes y selvas,

sino a la rosa, pues cuando

en María se interpreta,

la Rosa de Jericó

la canta a voces la Iglesia.

Con que no sin privilegio

quiso que por compañera

la Rosa de Jericó

la Rosa del Perú tenga.

Décadas más tarde, Pedro de Peralta Barnuevo Rocha y Benavides (1663-1743), en Lima fundada o conquista del Perú (1732), dedica una octava, la número 50, a la celebración que preparó la ciudad de Lima, por especial deseo del virrey Fernández de Castro, conde de Lemos, cuando fueron elevados a los altares, en abril de 1671, la santa limeña y el santo jesuita san Francisco de Borja, en el más puro estilo culterano. El cielo le dará un premio por haber dispuesto un festejo tan glorioso que permite contemplar:

cuanto la tierra puede dar luciente,

cuanto puede ver Lima más gozosa.

Efectivamente, don Pedro Fernández de Castro, conde de Lemos y décimo noveno virrey del Perú, celebró con toda solemnidad la beatificación de Santa Rosa, en abril de 1669, en unas fiestas que dejó registradas Diego de León Pinelo: la bula de beatificación fue conducida bajo palio del templo de Santo Domingo a la Catedral con más de 600 religiosos. Se descorrió el velo que cubrí la imagen de la Santa, ricamente vestida y rodeada de flores sobre ricas andas de plata labrada. Hubo celebraciones litúrgicas, procesiones, se levantaron altares, hubo juego de cañas y se corrieron toros. Y se declamaron poemas en honor a la santa.[6]

El 12 de abril de 1671, Clemente X declara santa a Rosa de Santa María, y en Roma, Madrid y otras ciudades se repitieron las festivas aclamaciones. Por un prodigio milagroso la noticia llegó a Lima en la asombrosa celeridad de apenas 95 días. En agosto se celebraron las santificaciones, según dice Odriozola, “con la más magnífica pompa de que parece puede ser capaz la tierra”. Y ese mismo año se publicó la relación de las fiestas. Hubo comparsas a caballo, procesiones, carros y arcos triunfales, y en las calles también se colocaron suntuosos altares con adornos, colgaduras y valiosas alhajas, se organizaron juegos de cañas y fiestas de toros, todo coronado con los octavarios que se solemnizaron en los templos de Santo Domingo y de la Compañía de Jesús “ilustrados de la mayor riqueza a que se añadió el ingenioso aplauso de un certamen poético con singulares premios”.[7]

Fray Juan Meléndez, regente mayor del insigne colegio de Santo Tomás, estuvo a cargo de la relación de los festejos. La reprodujo el padre Rubén Vargas Ugarte y ahora está disponible en internet, aunque tampoco se ha realizado hasta ahora una edición filológica o un estudio detallado de este otro interesante documento.[8]

Son los poemas sobre los ocho asuntos y en diversos metros y estilos del certamen poético organizado en esa celebración, que se recitaron en la tarde de vísperas en el mismo convento dominico. Los premios eran pequeñas alhajas de plata: saleros, reveseros y otros objetos de hasta cuatro o cinco escudos de valor en plata labrada y otros objetos menores, como tembladeras o medias de Toledo. Hubo canciones, octavas, sonetos, dísticos, romances y décimas, un metro distinto para cada uno de los asuntos requeridos por los organizadores del certamen.

Entre todas las composiciones tal vez haya que preferir los villancicos, pues facilitaban la musicalidad de las composiciones y las hacía propicias para los festejos religiosos, como aquel tan grandioso que se celebró en Santo Domingo El Real en Madrid en 1668. Calderón establece en su villancico un juego de significaciones con los nombres de las flores pero no hay nada escrito al azar. La argumentación es perfectamente sólida, porque las razones culminan con una alusión fundamental, que es –señala la profesora Lobato–, la referencia al libro bíblico del Eclesiástico en el que se llama a María Rosa de Jericó, “con lo que el cambio de nombre de Isabel que pareció accidental cuando recibió el sacramento de la Confirmación tuvo carácter premonitorio de su futuro mariano y santo como Rosa del Perú y patrona de América”.[9]

-o-


[1] Juan Pérez de Guzmán, La rosa; manojo de la poesía castellana formado con las mejores producciones líricas consagradas á la reina de las flores durante los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX. Madrid, Imprenta de M. Tello, 1891-1892 p. 426-427.

[2] Se conserva un volumen impreso sin noticia de fecha ni de editor. La otra edición temprana que tuvo la comedia apareció en el volumen Parte treinta y seis, Comedias escritas por los mejores ingenios de España, en Madrid, por José Fernández de Buendía, 1671. Ver ahora la edición de la comedia preparada por Miguel Zugasti, en Agustín Moreto, Segunda parte de comedias, V. No puede ser. Santa Rosa del Perú. La fuerza del natural. Kassel, Reichenberger, 2016.

[3] Ver Miguel Zugasti, “Santa Rosa de Lima, una santa del pueblo con sus fiestas y comedias para el pueblo”, en José María Díez Borque (dir.), María Soledad Arredondo Sirodey, A. Martínez Pareira y Gerardo Fernández San Emeterio (eds.), Teatro español de los Siglos de Oro: dramaturgos, textos, escenarios, fiestas. Madrid, Visor, 2013, pp. 117-151.

[4] Ver Miguel Zugasti “Cuatro villancicos de Agustín Moreto a la beatificación de Rosa de Lima”, en E-Humanista. Journal of Iberian Studies. Santa Barbara, California, 23, 2013: http://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/volume_23/moreto/14%20ehumanista23.moreto.zugasti.pdf%5D.

[5] Ver María Luisa Lobato, “Villancicos de Calderón de la Barca para la beatificación de Rosa de Santa María (1668).” Golden-Age Essays in Honour of Don W. Cruickshank. Monográfico del Bulletin of Spanish Studies 90 (2013): pp. 735-749. El texto citado está en p. 741.

[6] Diego de León Pinelo, Celebridad y fiestas, con que la ciudad de los Reyes, solemnizó la Beatificación de la bienaventurada Rosa de S. Maria, su patrona y de todos los Reynos, y Provincias del Perú. Lima, 1670. Ver Rubén Vargas Ugarte, La flor de Lima. Santa Rosa, pp. 122-127.

[7] Colección de Documentos Literarios del Peru, colectados y arreglados por el Coronel de Caballería de Ejercito Manuel de Odriozola. Lima, Establecimiento de tipografía y encuadernación de Aurelio Alfaro, 1863, Tomo I, p. 147.

[8] El título completo es: Festiva pompa, culto religioso, veneracion reuerente, fiesta, aclamacion, y aplauso. A la feliz beatificacion de la bienauenturada virgen Rosa de S. Maria. Tercera del Orden de Predicadores. Segunda Catalina Senense de la Iglesia. Primera fragrante flor, y fruto opimo [sic] desta plaga meridional. Tesoro escondido en el campo fertil desta muy noble, y muy leal Ciudad de Lima. Descubierto por N.B.P. Clemente Nono. Patrona tutelar vniuersal de su dichosa patria, y dilatados Reynos del Peru. En este Conuento del SS. Rosario de la misma orden. En Lima, Año de 1671.

[9] “Villancicos…”, p. 749.

Reseña del libro “1817. De Mendoza a Chacabuco”.

Por Jorge G. Paredes M., Profesor en Historia y Geografía por la UNMSM.

Guerrero Lira, Cristián.

  1. DE MENDOZA A CHACABUCO

Santiago de Chile: Ejército de Chile. Corporación Conservación y Difusión del Patrimonio Histórico y Militar. Universidad Bernardo O’Higgins

2016

267 páginas.

 

Cristián Guerrero Lira es un notable historiador chileno especializado en temas de la etapa separatista hispanoamericana. De ideas amplias que trasciende, en lo que esto es posible, los enfoques nacionalistas en torno al proceso independentista hispanoamericano, especialmente cuando se trata de figuras paradigmáticas (San Martín, O’Higgins, Carrera, etc.) tratando de hacer hablar a los documentos sin dejarse ganar por las simpatías y/o pasiones que también, de una otra manera, afectan el trabajo de los historiadores, distorsionando los hechos.

“1817. De Mendoza a Chacabuco” (2016), un sólido y minucioso trabajo de 267 páginas, que por su estilo ágil y muy cuidadoso se lee con deleite y uno va reconstruyendo esa tarea titánica que fue la preparación del ejército libertador, casi como si estuviéramos reviviendo lo que parecía imposible y que se hizo realidad gracias, fundamentalmente, a la decisión de San Martín de hacerlo tal. Allí encontramos relatos de cómo fue esa preparación que muchas veces es pasada por alto. Si titánica fue la tarea de la preparación, el llevarla a cabo fue descomunal. Asombra la minuciosidad de la preparación y por ende la realización siguiendo minuciosos planes de campaña. Desde la selección de los pasos a emplear para atravesar los Andes chileno-argentinos, la travesía propiamente dicha y, por supuesto, la primera conclusión de ella, que es la batalla de Chacabuco.

1817.jpg

El libro consta de una introducción y nueve capítulos: Buenos Aires, Lima y Santiago, La cordillera de los Andes: escenario de posibles operaciones militare (1800-1816), Las rutas de la invasión, Formación del ejército de los Andes, La defensa realista, Cronología de las operaciones, Combates del cruce de los Andes (enero – marzo de 1817), La batalla de Chacabuco y Después de Chacabuco. Después de cada capítulo existe una valiosísima selección de ilustraciones, mapas, croquis, cuadros pictóricos, etc. En el capítulo “Cronología de los operaciones”, para una mejor comprensión del cruce de los Andes, el autor expone separadamente, por columna –en sentido norte-sur–, y cronológicamente, los detalles de ella, tratando de entregar a los lectores una visión global del trayecto andino de esta fuerza expedicionaria. Esta minuciosa cronología  (día a día entre el del 18 de enero y el 12 de febrero) resulta de una utilidad valiosísima

Para los peruanos, Cristián Guerrero nos es ampliamente conocido tanto por sus artículos publicados en diversas revistas como por capítulos de libros en torno a la historia peruana, trabajos entre los cuales podemos señalar: “La propaganda monarquista en el gobierno de San Martín en el Perú. La Sociedad Patriótica de Lima”, “Ahora soy un simple particular. Vida de O’Higgins en el Perú” (2016), “Consideraciones Sobre los Planes Militares del Virrey Fernando de Abascal”. Capítulo del libro El Lazo de Los Andes. Diálogos Cruzados Sobre las Campañas de la Independencia: de Argentinos y Chilenos, Civiles y Militares (1810-1830). (2007) y  “De las Reformas Borbónicas a la Formación del Estado en Perú y Chile”. Capítulo del libro Perú-Chile / Chile-Perú. 1820-1920. Desarrollos Políticos, Económicos y Sociales. (2005-2006), (pp, 25-48), en coautoría con la historiadora peruana Scarlett O’Phelan.

Para concluir esta reseña, transcribo los seis primeros párrafos de la introducción del libro:

“La historiografía relativa a la independencia se ha alejado considerablemente de las temáticas de índole militar que le fueron tan características durante el siglo XIX.

Involucrados en el proceso de definición de los elementos identitarios nacionales, los historiadores de esa centuria tuvieron en ellas un campo propicio para construir imágenes heroicas que eran presentadas como el resumen de la idiosincrasia nacional y, en consecuencia, remarcaron una serie de conductas tales como el cumplimiento del deber, el arrojo y la valentía, entre otras, las que fueron consideradas como parte integrante, cuando no definitoria, de una forma de ser nacional. Las mismas eran presentadas a la sociedad como paradigmas con la esperanza de que en futuros conflictos armados, o en otras situaciones de apremio, los chilenos obraran de igual forma que sus héroes.

Por otra parte la guerra de independencia fue, historiográficamente hablando, considerada como un elemento de unión. Se le definió como conflicto entre “patriotas”, –un vocablo que hace alusión a un sentimiento de pertenencia y arraigo al suelo patrio que se compartía con otros–, y “españoles” o “realistas”, términos que erróneamente empleados como equivalentes, aludían a cuestiones muy distintas como la nacionalidad y una opción política determinada.

Al contar con un enemigo, naturalmente se reforzaba la identificación colectiva. El realista (“godo”, “sarraceno”, “matucho” o el término que se empleara), era el contrario, el oponente, el otro, necesariamente distinto del nosotros. Por ello no resulta extraño que en los relatos del conflicto en cuestión, salvo contadas excepciones, las virtudes y la heroicidad estén normalmente ausentes en el bando realista.

Esta visión estereotipada se ha perpetuado en la memoria histórica nacional como asimismo en la historiografía y en la enseñanza de la historia patria. La guerra, entonces, fue dibujada en blanco y negro, retratando a buenos y malos –dependiendo esto del resultado del conflicto–, y como uno de ellos resultó vencedor, sus razones, justificaciones y procedimientos pasaron a ser los valederos y permanentes.

Como se trataba de construir una imagen nacional, el enemigo resultó ser un elemento al que no se prestó mayor atención. Sus posiciones políticas fueron simplemente descritas como continuistas del régimen monárquico, y sus adeptos como defensores de un orden que pretendía mantener operativo determinado sistema social, económico, cultural y político que claramente marcaba diferencias y centraba los beneficios en uno de los polos de la relación hispano-americana” (p. 10).

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