Indispensables para comprender el mundo que nos rodea
Por Francisco Bobadilla
El inicio del año escolar tanto para los colegios como para las universidades aún no está muy lejano. A quienes nos dedicamos al oficio docente nos queda todo el año por delante para ayudar a crecer a nuestros alumnos. Tengo, como en otras oportunidades, un pequeño grupo de “cachimbos” en un Taller de lectura. Ellos se estrenan como universitarios y yo sigo dándole vueltas a cómo conseguir que en ese pequeño espacio tan personalizado que es el taller consiga que ellos den un paso más en ese trabajoso arte que es leer, escribir y pensar.
Objetivos modestos, pero n
o por ello desdeñables; más aún son el corazón de lo que en la añeja institución universitaria se ha hecho desde el siglo XIII. Así lo ha recordado Christopher Derrick, a propósito del sistema universitario anglo-sajón: “un buen College debe enseñar al alumno por lo menos estas tres artes iniciales: el arte de la Gramática, que toscamente podría definirse como el “arte de leer”, el arte de la Retórica, que toscamente podría definirse como el “arte de escribir y de hablar” y el arte de la Lógica, que en términos bastantes menos rudos podría definirse como el “arte de pensar”. Si estas ilustres artes las traducimos a nuestro lenguaje en uso, hemos de decir que nos estamos refiriendo a los Estudios Humanísticos o Estudios Generales.
La sociedad actual es eminentemente activa, y desde esta óptica se corre el riesgo de juzgar y analizar la función y la esencia de los centros de educación superior. Sin embargo, la misión de la Universidad no se agota en la esfera de lo útil y mensurable, tampoco en la generación






