Por Edistio Cámere
Por estos días circula en algunas emisoras, casi como un slogan publicitario, una frase tan ingeniosa que empequeñece mis recursos creativos para tentar una certera calificación. Tan solo puedo llegar a adjetivos tales como: Cáustica, maquiavélica, ingenua, despectiva… y, aún así pienso que no he acertado. La frase en cuestión -no me cabe ninguna duda de su origen municipal- reza: “Las molestias pasan, las obras permanecen”.
Forma y fondo no se condicen. Es una frase corta, efectista y fácil de recordar. Sin embargo el contenido que comunica no es tan feliz. Inquieta y preocupa porque reporta una filosofía y un estilo de gobierno por lo menos embozado.
Entre “Las molestias pasan, las obras permanecen” y “El fin justifica los medios” descubro lazos consanguíneos peligrosamente cercanos. Si bien no me atrevo a poner en duda la buena intención de la primera frase, más que malicia el móvil puede ser ineficiencia, que puede tener una explicación; pero, en cambio, la malicia ni siquiera se justifica.
la derecha, otros a la izquierda… para evitar los extremos anteponen la palabra centro. Aún seguimos anclados en el hábito de la simetría política e ideológica de la cual hay que desprenderse sobre todo desde la caída del muro de Berlín. Con el ocaso del sistema comunista, no cabe una ideología absoluta que intente explicar la realidad y que, además, asegure técnicamente su transformación.
Dos señoras acompañadas de sus niños y yo esperábamos nuestro turno para una consulta externa en el Centro de Salud de Chaclacayo, que cuenta con personal amable y diligente. El letargo reinante a causa de la calurosa tarde se rompió por el alboroto originado por media docena de personas que ingresaron a la sala de emergencia.







