Por Lorenzo de la Puente
Me parece que ideologías u oportunismos políticos, además de eventuales resentimientos y rencores, contra Yanacocha -interpretados incluso hace unos días en declaraciones del Presidente del Congreso de la República-, son elementos constituyentes de la oposición a Conga. Y como ninguno de ellos puede ser enfrentado en el corto plazo, habrá que tener paciencia.
El Ministerio de Energía y Minas, así como el Ministerio del Ambiente, llamados a proponer soluciones tiene, ya, un papel muy limitado, porque Conga ya demostró ser -y aún más con las últimas declaraciones de Santos- un ”nudo de guerra” de poder entre el Presidente del Gobierno Regional de Cajamarca y el propio Presidente de la República. Ambos están enfrentados y no creo que se pueda decir quién “ganará”, aunque Cajamarca y el país siguen perdiendo.
El Ministerio de Energía y Minas, que se ha caracterizado por ser reactivo ante los problemas ambientales, poco puede hacer ahora por solucionar este conflicto. Quizás por eso casi no aparece en el escenario de este conflicto. O, eventualmente, también porque algunos ciudadanos lo perciben como un organismo parcializado con la industria minera -yo no lo veo así-.
Al conflicto Conga ya le debemos un Primer Ministro, además de un Ministro de Energía y Minas y un Ministro del Ambiente.
El tema es serio, porque, además, se trata de una empresa -inversión privada necesaria para el Perú- que ha obtenido todos los títulos habilitantes del Estado para realizar minería: tiene su EIA aprobado, el derecho superficial, así como todos los demás permisos que la ley peruana le pide. Sin embargo, está impedida de hacerlos valer en Cajamarca.
Sucede, pues, que en Cajamarca, aunque el título de concesión minera tiene la misma vigencia legal de hace veinte años, ya no tiene el mismo reconocimiento ciudadano.
Me parece que, como están las cosas, el peritaje del EIA no va a ser suficiente para superar el conflicto -además de que el Gobierno Regional ya habría contratado su propio peritaje internacional-. Conga nos ha demostrado que el proceso de descentralización está yendo por caminos no previstos, y que el Perú ha pasado de ser un “país minero” a ser un “país conflictivamente minero”.
Una vez culminado este conflicto espero que tengamos un mejor Estado descentralizado y unitario. Y espero, además, que podamos decir, a manera de consuelo: ”no hay mal que por bien no venga”.








