La Imagen del buen juez

El Perú necesita más jueces íntegros

Por José de la Puente Brunke

juicio-a-fujimoriNo pretendo expresar mi opinión sobre la reciente sentencia al ex presidente Fujimori, sino tomar pie de ella para traer a colación lo que en el Perú virreinal se entendía por “buen juez”. Digo esto porque la sentencia calza con lo que se entendía por la función judicial en el Perú virreinal. El juez no estaba atado a la estricta observancia de la ley escrita, y podía resolver en conciencia, de acuerdo con la equidad; esto era el “arbitrio”judicial, que se complementaba con el recurso a las diferentes fuentes del Derecho, como la doctrina, la jurisprudencia, la costumbre y la propia ley escrita (que sin embargo no tenía el papel preponderante y casi excluyente que tiene hoy).

La garantía fundamental de la justicia reside hoy en la aplicación de la ley escrita. En cambio, en el virreinato residía en las cualidades morales del juez: el ideal era el del “buen juez”. Por tanto, este debía ser ante todo, y en primer lugar, un hombre probo. En el caso de los magistrados que integraban tribunales superiores, incluso podían sentenciar “contra lo alegado y probado”. No pretendo que en el siglo XXI resucite el paradigma del “buen juez”, ya que este se dio en un contexto jurídico radicalmente distinto, presidido por una visión teocéntrica del mundo, por la desigualdad social y los privilegios, y en el cual los jueces no daban a conocer los fundamentos de las sentencias, lo cual hoy nos parece inconcebible. Pero, ¿por qué la sentencia a Fujimori me recuerda el paradigma del “buen juez”? Porque ha sido muy relevante el criterio de conciencia, explícitamente mencionado por los magistrados. Porque ha sido también muy relevante –y decisivo- el recurso a la doctrina, en especial a la reciente teoría de la “autoría mediata por dominio de la voluntad en aparatos de poder organizados”, debido a la “insuficiente prueba directa”, tal como lo dice la propia sentencia. Porque ha sido dictada por jueces cuya probidad está fuera de duda.

Por último, otro factor que asimila la sentencia a Fujimori al paradigma virreinal es el antiguo concepto de “delitos atroces”: se consideraba que había ciertos delitos que por su carácter extremadamente grave podían ser juzgados prescindiéndose de algunas formalidades procesales, e incluso de una tan importante como era –y es- el derecho de apelación. Mutatis mutandis, podría decirse que los “delitos atroces” del siglo XXI son los de lesa humanidad.

En la sentencia a Fujimori los magistrados no han sido solo “bocas de la ley escrita” –como se quiso desde el siglo XIX-, sino que han manifestado, de uno u otro modo, los atributos que en el Perú virreinal se consideraban como cualidades básicas del juez: la formación jurídica, pero además la experiencia, el entendimiento agudo, la rectitud de conciencia y la prudencia. Se buscaba sobre todo a buenas personas para desempeñar función tan delicada como la de impartir justicia. También se establecieron innumerables normas para conseguir el “aislamiento” del juez con respecto a la sociedad en la cual desempeñaba sus funciones, con el loable -pero a la vez utópico- propósito de que el juez no se involucrara con los intereses locales, y fuera imparcial.

Tan reiteradas eran esas normas, que un magistrado del siglo XVI manifestó irónicamente su asombro: “Los jueces no hemos de tener conversación con nadie, sino ir a juzgar y en acabando subirnos al cielo”. En efecto, los jueces debían ser, prácticamente, hombres perfectos.

Esperemos que esta especie de “reaparición” del paradigma del “buen juez” se propague, como por ósmosis, entre aquellos magistrados –que al parecer, y por desgracia, no son pocos- que sucumben ante el dinero o las presiones del poder político. No deja de ser irónico el que un modelo de juez enterrado por los liberales del siglo XIX aparezca hoy como un factor que puede ayudar a elevar el nivel moral de muchos de nuestros magistrados.

(artículo publicado en el diario El Comercio)

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7 Responses to “La Imagen del buen juez”


  1. 1 Walter Brunke mayo 2, 2009 en 2:24 am

    José:

    (“En la sentencia a Fujimori los magistrados no han sido solo “bocas de la ley escrita” –como se quiso desde el siglo XIX-,…”).

    Muy aguda la observación. Cabe la posibilidad de que se estime como una comparación anacrónica. No lo creo; y así fuere, pienso que ello no es lo esencial de tu planteamiento. Hay profundidades que sondear. Por ello me animo a preguntar:

    ¿Se trata de un wiederkehr von Rechtsfiguren, pero bajo otro manto, adecuado a las circunstancias actuales? ¿O sólo un episodio casual sin trascendencia? ¿Se debe considerar este caso como una muestra más del agrietamiento estructural del positivismo legalista o jurídico a secas? ¿El regreso tímido a la visión asistemática frente a la sistemática del ordenamiento jurídico? ¿De que el caso/hecho es lo que da pie para la elaboración del Derecho? Last, but not least,¿Puede conciliarse la sentencia del ex Presidente Fujimori con, por ejemplo, lo que relata Zorrilla en su poema “A buen juez mejor testigo”? En una sociedad con pluralidad de cosmovisiones: ¿es prudente quedar al buen arbitrio del “buen Juez” en todos los casos? ¿Deben haber zonas de derecho positivo donde no quepa dicho arbitrio?

  2. 2 José de la Puente Brunke mayo 2, 2009 en 10:31 pm

    Gracias, Walter, por tu comentario. En primer lugar debo decirte con toda franqueza cuál fue el origen del artículo: días después de la sentencia a Fujimori, me abordó un exalumno de Historia en el campus de la PUCP para decirme que leyendo la sentencia había recordado las características del “buen juez” virreinal (del cual siempre hablo en clase), entre otras cosas porque veía que el apego a la ley escrita había sido en parte abandonado, al darle tanta importancia a la doctrina (la teoría de Claus Roxin sobre la autoría mediata) o al criterio de conciencia. Por tanto, lo que quise fue de algún modo poner sobre el tapete lo radicalmente distinto que era el modelo de juez antes del siglo XIX, y cómo algunas de sus características son realmente muy rescatables. Obviamente, no se trata de resucitar un esquema jurídico que respondía a una sociedad estamental, jerárquica y de privilegios, sino poner de relieve lo interesante de algunas de sus características.

    Ahora bien: no creo que la argumentación que sostiene la sentencia a Fujimori constituya “un episodio casual sin trascendencia”. Todo indica que lo que viene ocurriendo desde hace algunas décadas en el mundo ha generado una importante crisis en la visión del Derecho. Los avances científicos y tecnológicos, o los cambios políticos, hacen ver que el esquema jurídico nacido con los ilustrados y los liberales está en grave crisis; sobre todo la visión legalista propia del positivismo jurídico. Finalmente, la visión sistemática del ordenamiento jurídico es muy clara en teoría, pero muchos de sus presupuestos no se dan en la práctica (Y no se dieron en buena medida tampoco en el siglo XIX. Pensemos en un solo caso: cuando en tiempos de Bolívar se abolen las comunidades, los indígenas pasan a ser ciudadanos del Perú, iguales que el resto de ciudadanos. Los derechos pasan a ser de los individuos, y no ya de los cuerpos (como lo eran las comunidades). Así, el indígena-ciudadano ya no integra ese cuerpo mayor, sino que pasa a ser un ciudadano propietario individual de una determinada parcela de tierra. Al desaparecer los privilegios y los mecanismos que defendían a la comunidad en el mundo “desigual” del virreinato, entonces este indígena-ciudadano quedó inerme ante posibles abusos o engaños de terceros, que lo pudieron despojar de su propiedad. Dicho de otro modo, para la población indígena de inicios de la república el establecimiento de la “igualdad” no significó una mejora).

    Me parece muy buena la referencia a Zorrilla: él fue un poeta romántico, y no olvidemos que los románticos fueron grandes enemigos de los principios ilustrados de igualdad, sistema, generalidad de la ley, etc. Reivindican el sentimiento frente a la razón. Pero volviendo a tu comentario, por supuesto que me parecería imprudente, en el variadísimo y complejo mundo de hoy, el postular que los jueces actúen en primer lugar por su personal arbitrio. Vuelvo a lo primero: podemos sacar buenas lecciones del modelo del “buen juez”, sobre todo en lo relativo a la formación personal del magistrado. No me refiero solo al conocimiento jurídico, sino sobre todo a los valores que deben primar en la persona del juez, empezando por la honradez y la vocación de servicio.

  3. 3 Suhei Larisa mayo 3, 2009 en 3:32 am

    La idea principal que resalta es estas lineas es una sola…que es lo que en realidad debe hacer un juez, parte entonces de una simple pero necesaria premisa…quien es el juez?. Se supone que si lo que se quiere es impartir justicia, se entiende que solo la persona que esta en las condiciones morales y juridicas acordes con la circunstancias es quien va a poder resolver un conflicto, porque si tenemos jueces que resuleven en base a intereses, nos preguntamos..llegaran a resolver los conflictos o solo ocasionaran mas conflictos?.
    Creo que en realidad, no es que el modelo del juez virreinal se repite, no creo que sea algo circunstancial, simplemente creo que al fin se ha dado la oportunidad de que el mundo vea que si existen jueces que realmente cumplen su mision en este pais, que no todos los jueces son corruptos…francamente creo que esa es una triste afirmacion porque no son pocos los jueces a quienes no les tiemblan la mano cuando tienen que firmar de acuerdo a su conviccion, pero..porque no se conocen?..porque los medios de comunicacion les importa vender, entonces le presta la atencion a la informacion sensacionalista, y por eso lo bueno no sale a la luz.
    Existen dentro de esta institucion tan masillada llamada poder judicial gente probo que no solo se limitan al campo de los magistrados, sino al personal mismo que tiene la mas sana intencion de hacer las cosas bien, mal reconocidos queizas, pero estan hay, cumpliendo esa labor.
    Tal vez ya llego la hora de refrescar nuestros conceptos y entender que no se debe generalizar todo, comprender que si existen personas que consideran que es mil veces preferibles se quebrado en mil pedazos antes que quedar doblegado ante alguien…

  4. 4 José de la Puente Brunke mayo 3, 2009 en 4:04 pm

    Estimada Larisa:

    Totalmente de acuerdo con tu comentario. Efectivamente, gran responsabilidad tienen los medios de comunicación. En concreto, soy amigo de dos profesores de San Marcos que son magistrados –uno vocal titular de la Corte Superior, y el otro juez penal- de quienes me consta su honradez a toda prueba, y cómo en múltiples oportunidades han rechazado ofertas económicas o insinuaciones desde el poder político para torcer la justicia. Ahora bien: debo confesar que no sé si esos buenos elementos son mayoría en el Poder Judicial. Porque no se trata solo de ser honrado en lo económico, sino también de tener el suficiente carácter como para rechazar presiones políticas, o incluso eventualmente de los propios superiores jerárquicos, con el peligro incluso de perder su puesto. En este sentido, el gran ejemplo nos lo dio Domingo García Rada hace más de 50 años. Él presidía el Tribunal Correccional que tenía que conocer del recurso de habeas corpus presentado por el ex presidente Bustamante y Rivero para volver al Perú durante el régimen de Odría, que justamente lo había derrocado. García Rada fue llamado por Odría a Palacio de Gobierno para pedirle que por favor votara en contra de la admisibilidad del habeas corpus. Demostrando gran integridad, aquel le dijo que lamentaba no poder servirlo, porque su conciencia y el cumplimiento de su deber pasaban antes, Y en efecto, García Rada emitió un voto singular a favor del habeas corpus (porque sus dos colegas del tribunal lo declararon infundado). Por suerte para García Rada, Odría desoyó las voces de quienes quisieron que lo destituyera. Pero puso gravemente en riesgo su puesto de trabajo, cuando tenía varios hijos pequeños y solo vivía de sus ingresos como magistrado (todo esto lo cuenta en su libro “Memorias de un juez). Por tanto, no solo hay que ser honrado, sino tener fortaleza ante las presiones, lo cual reconozco que es bastante difícil.

  5. 5 Suhei Larisa mayo 5, 2009 en 11:46 pm

    Muchas gracias Dr. Jose de la Puente por haber hecho mencion del libro Memorias de una Juez del Garcia Rada, siempre es bueno conocer de experiencias. Es verdad lo que usted dice, es bastante dificil mantener determinada fortaleza frente a las presiones y mas aun afirmar que todas las personas dentro de la institucion realmente se encuentren compremetidas con su rol, no obstante siempre es bueno tener la ilusion que al menos las cosas deben ser asi, no con la intencion de cambiar un sistema..porque siendo realista..quien lo va a poder hacer?..sino solo por deseo de buscar algo mejor. No lo se, pero en lo personal, me agrada esa idea de enfrentar al poder con otra clase de poder sano, sin buscar beneficios personales, desde luego..

  6. 6 Alexis R. Arévalo Vergara mayo 11, 2009 en 12:12 am

    Se debe denotar que la comparación aquí expuesta por José de la Puente es importantísima, ya que nos enseña un extracto de nuestro pasado, evidenciando las grandes diferencias existentes entre el juez virreinal y el actual. Antiguamente las buenas costumbres y el honor de los magistrados virreinales era parte de su esencia como abogados y personajes públicos, ojalá esto volviera a ser así, y que la población en general viera a la carrera de la magistratura como algo dignísimo y de alta relevancia para la Nación, como otrora ocurría.

    Solo para comentar otro ejemplo, no republicano (como el caso García Rada) sino más bien virreinal, extraido del libro “Inquisidores, virreyes y disidentes. El Santo Oficio y la sátira política” de Guillermo Lohmann Villena, que explica detalladamente el caso del Dr. Gabriel de Barreda Ceballos, un abogado madrileño que fuera promovido por sus altas dotes intelectuales a la honorable plaza de Fiscal de lo Civil en la Real Audiencia de Lima en 1640.

    Sería al año siguiente que Barreda y su familia se instalarían definitivamente en nuestra capital, rodeándose de la buena sociedad limeña; sin embargo, la Ciudad de los Reyes, que era muy cercana a los chismes, para bien o para mal, empezó a destruir la carrera de este prominente abogado, debido a sus vinculaciones amicales con un oscuro personaje de la época, llamado Juan de Medina Ávila, que lo introdujo a los juegos, mujeres (de dudosa reputación), y otros vicios, que terminó por acabar con sus ambiciones y deseos de una prometedora carrera en la Audiencia; sería después de muchos sacrificios y de varias décadas que lograría recién limpiar en algo su honor.

    Esto solo nos demuestra que en aquella época un abogado tenía que ser y parecer un hombre honesto y decente, un buen profesional, un buen padre de familia y un verdadero cristiano; algo que en aquella época era de suma importancia; ya que el honor y la buena reputación, eran cualidades morales que estaban por encima de todo.

    Alexis R. Arévalo Vergara

  7. 7 José de la Puente Brunke mayo 11, 2009 en 10:47 pm

    El comentario de Alexis toca un punto fundamental, que es el referido al prestigio personal y profesional de los magistrados. Reiterando la mención a las Memorias de Domingo García Rada, es realmente clamorosa la diferencia que se da entre la situación actual y la qué él describe de hace 40 o 50 años. En esos tiempos casi todos los magistrados supremos eran abogados de brillante trayectoria, o ilustres profesores universitarios, y personas por lo general de gran prestigio. ¿Por qué hoy en día la carrera judicial no es vista como una posibilidad de desempeño profesional por parte de los mejores egresados de las Facultades de Derecho más prestigiosas? Hay un círculo vicioso que debemos romper: la corrupción, lamentablemente frecuente en el Poder Judicial, desprestigia a los jueces; y eso hace que la magistratura no sea vista como una posibilidad atractiva por la gente con mejor formación; y me refiero no solo a la formación académica, sino también a la formación en valores, que se echa tanto en falta en nuestros días.


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